miércoles, 6 de marzo de 2019

Ceniza y corazón

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.
Francisco
La Cuaresma te invita a dar una versión nueva a tu vida: la de Cristo. Te hace libre, orante y generoso. Vive esta gracia.
Carlos Osoro

La Cuaresma para un cristiano es un preámbulo que le introduce en el Misterio Pascual de Cristo, celebración más importante del calendario litúrgico y de la vida cristiana. Con la ceniza se abre la Cuaresma, que puesta a la vista de todos quiere recordar el sentido penitencial que tiene este tiempo de conversión hacia la Pascua.
Los primeros datos de la Cuaresma se remontan al siglo II, aunque en el formato de los cuarenta días comenzará en el siglo IV. Será la confluencia de tres itinerarios, la preparación de los catecúmenos a los sacramentos de iniciación que culminaban en la Pascua, las celebraciones penitenciales y la participación de la comunidad, acompañando a las dos anteriores como preparación a la Pascua.
La Ceniza se empezó a imponer a todos los fieles en el siglo IX, cuando empezó a decaer la práctica de la penitencia pública (ordo paenitentium). Se conservó la fecha tradicional, es decir, el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma, como un signo de conversión ante la llamada de Dios. Con la imposición de la ceniza se nos invita a una profunda revisión de nuestra vida, de nuestras actitudes, así como a un tiempo de conversión y purificación. De liberarnos de todo aquello que nos estorba para encontrarnos con Dios, de vivir en verdad y de corazón ante el Padre y los hermanos.
La Cuaresma es por excelencia un kairós, un tiempo oportuno, un tiempo intenso, creativo, caluroso, participado, orante, de salvación. Donde cada cristiano se renueva en su vida de gracia, de incorporación a Cristo que muere y resucita. Es un tiempo oportuno para la escucha de la Palabra, tiempo para la reflexión personal y para hacer silencio en el corazón y en la vida, lugar privilegiado para el encuentro con Dios.
La liturgia cuaresmal, rica en símbolos, utiliza la palabra conversión. En griego, la palabra “metánoia significa “cambio de mentalidad”; así como la palabra latina “conversio”, es “cambio de dirección”. Para encontrarse con Cristo en la Pascua, el creyente busca un cambio de mentalidad lejana al evangelio, por otra que pone su acento en la misericordia y en el perdón: conversión de una vida mundana, carnal y alejada de Dios, por una vida centrada en el espíritu; conversión del egoísmo y el narcisismo, por la apertura a Dios y al prójimo, sobre todo a los más necesitados. La conversión entra en la hondura del corazón, en lo más profundo del ser cristiano, ya que es morir con Cristo para resucitar con Él: Rasgad los corazones, no las vestiduras, convertíos al Señor Dios vuestro.

(Continuar leyendo...)




lunes, 25 de febrero de 2019

Trabaja por la justicia social


 

Lo que nos mueve, con razón suficiente, no es la percepción de que el mundo no es justo del todo, lo cual pocos esperamos, sino que hay injusticias claramente remediables en nuestro entorno que quisiéramos suprimir
Amartya Sen


El siglo XX es ininteligible si no se tiene en cuenta lo que significan en él estas dos palabras juntas: ‘justicia social’. Es algo indiscutido; todo el mundo la pide; nadie la niega, menos se atrevería a oponerse a ella
Julián Marías

Lo humano debe ser el pilar de los parámetros políticos y económicos, desde la dignidad de la persona y su participación activa en el bien común. Vivimos en una profunda crisis no solo de valores, las contradicciones del propio capitalismo, está provocando que la verdadera justicia social esté perdiendo su verdadero sentido. Los medios nos muestran cada día que muchos seres humanos carecen de importancia, son residuos donde su dignidad no cuenta. Para hacer presente los derechos más elementales necesitamos un fundamento ético global que nivele las desigualdades y pueda generar justicia.
La justicia social es un marco de reconocimiento y encuentro, una reivindicación en la que debemos estar unidos todos, creyentes y no creyentes. La justicia social tiende a asegurar el respeto y la promoción de los derechos para todos, principalmente para los menos favorecidos, inscribiendo estos derechos en las estructuras y en el funcionamiento de la sociedad. El 19 de noviembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas deciden declarar que el 20 de febrero de cada año se celebre el Día Mundial de la Justicia Social.  Este año con el lema “Si quieres paz y desarrollo, trabaja por la justicia social”.
La celebración de este día busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos. Afirman las Naciones Unidas que la creación de empleo de mayor calidad y un mejor acceso al trabajo para el 40 por ciento de los más desfavorecidos podría significar un aumento de los ingresos y contribuir a que las sociedades estuviesen más cohesionadas y fueran más equitativas. Por este motivo, son importantes para prevenir conflictos violentos y abordar los desafíos posteriores al conflicto. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana.

(Continuar leyendo) 

jueves, 1 de noviembre de 2018

XLVII CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN, 2018 - 2019

Las Conversaciones de San Esteban, nacen en 1972 y ofrecen un espacio de reflexión y diálogo abierto entre la fe, la cultura y la vida. Te invitamos a participar en las XLVII CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN, con el título "¿EL FINAL DEL HOMO SAPIENS?" Inicio, Martes 6 de noviembre a las 20:00 h. Aula Magna del convento.


Nos encontramos en el inicio de uno de los grandes cambios de época en la historia de la humanidad. Las nuevas tecnologías (de la información, nano-tecnologías, tecnología biomédica...) están modificando nuestro modo de vida, de relación, de con-figuración de nuestras sociedad, de entendernos a nosotros mismos... Se habla del final del homo sapiens y de la aparición del cyoborg y del inforg, un ser humano que intercambia información con la bioesfera pero también con realidades virtuales.

Este panorama de nuestro presente suscita preguntas. ¿Es cierto que la tecnología podrá alterar la naturaleza humana?, o ¿seguiremos siendo huma-nos, demasiado humanos?; y la fe cristiana ¿cómo puede integrar en su experiencia de fe todos estos cambios?

6 de noviembre
Retos y riesgos de las sociedades avanzadas.
Dr. Francisco Giner Abati. Catedrático de antropología. Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca.

13 de noviembre
¿Y si la genética y epigenética explican el ser humano?
Dr. Rogelio González Sarmiento. Director del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Director científico del Instituto de investigación biomédica de Salamanca.

20 de noviembre
La regeneración de órganos y tejidos humanos: mitos y realidades de la terapia celular.
Dr. Fermín Sánchez-Guijo Martín. Profesor del Departamento de Medicina de la Universi-dad de Salamanca. Director del Área de Terapia Celular, IBSAL-Hospital Uni-versitario de Salamanca.

27 de noviembre
Modificación genética de los seres vivos: ¿herramientas de dioses?
Dr. Manuel Adolfo Sánchez. Profesor del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Responsable de la Unidad de transgénesis de la Universidad de Salamanca.

4 de diciembre
La extraña condición humana frente a animales, máquinas y dioses.
Dr. Luciano Espinosa. Profesor titular de Antropología filosófica. Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca.

11 de diciembre
Debate en torno al posthumanismo.
Fr. Jorge Luis Álvarez y Fr. Ricardo de Luis Carballada. Profesores Facultad de Teología San Esteban.

15 de enero
El cerebro y el futuro del ser humano. Sueños y pesadillas.
Dr. José Ramón Alonso. Catedrático de Biología molecular, Universidad de Salamanca. Director del laboratorio de Plasticidad neuronal y neurorre-paración del Instituto de Neurociencias de Castilla y León.

22 de enero
El uso de los Big Data en salud: temor o esperanza.
Dr. Jesús María Hernández Rivas. Catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Responsable de la Unidad de Citogenética del Hospital Universitario de Salamanca.

29 de enero
TI, la Tecnología de la Información. Impacto y cambio en la vida y naturaleza humana: Homosapiens 2.0 David Rodríguez Merino. Ingeniero informático. Webmaster de la Universidad de Valladolid.

5 de febrero
Transhumanismo: realidad, ficción y desafíos.
Dr. Antonio Diéguez. Catedrático de Lógica y Filosofía de la ciencia.
Facultad de Filosofía de la Universidad de Málaga.

12 de febrero
Apostillas teológicas al transhumanismo. El ser humano imagen dinámica de Dios.
Dr. Martín Gelabert. Catedrático de Antropología teológica. Facultad de Teología de Valencia.

19 de febrero
La antropología cristiana ante el reto de la modificación de la condición humana implicada en el reto de la procreática.
Monseñor Juan Antonio Martínez Camino. Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Madrid. Catedrático de Teología dogmática. Facultad de Teología de San Dámaso.


http://www.conventosanesteban.es/kit_upload/file/2018-EVENTOS/Conversaciones-2018-2019.pdf



viernes, 10 de noviembre de 2017

XLVI CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN (2017 – 2018)



Este año con el título “LA FE CRISTIANA: DECISIÓN PERSONAL Y COMPROMISO PÚBLICO”

Desde 1972 ofrecen un espacio de reflexión y diálogo abierto entre la fe, la cultura y la vida. Se intenta la inteligencia de los temas actuales; el discernimiento de los signos de los tiempos; el enfoque teológico de la realidad histórica. Después de esta larga andadura, las Conversaciones de San Esteban se han convertido en uno de los foros de diálogo cultural interdisciplinar de Salamanca.

14 DE NOVIEMBRE
MONSEÑOR D. LUIS ARGÜELLO. Obispo auxiliar de Valladolid.
La iglesia católica y la sociedad española.

21 DE NOVIEMBRE
Dª. SILVIA BARA. Profesora de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).
El despertar a la fe en una sociedad de múltiples ofertas

28 DE NOVIEMBRE
D. CÉSAR IZQUIERDO. Profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
La fe cristiana y su presencia en la vida pública.

4 DICIEMBRE
FRAY RICARDO DE LUIS. Profesor de la Facultad de Teología de San Esteban.
Los niños necesitan religión. El derecho a la enseñanza religiosa.

12 DE DICIEMBRE
D. JAVIER FUERTES. Profesor Universidad Pontificia de Comillas (Madrid).
Frente al dios mamón, compromiso, estúpidos, compromiso. Fe cristiana y economía.

19 DE DICIEMBRE
D. JAVIER MARTÍNEZ-TORRÓN. Catedrático de Derecho. Universidad Complutense de Madrid.
Religión, Estado laico y espacio público.

9 ENERO
FRAY JORGE LUIS ÁLVAREZ. Profesor de la Facultad de Teología de San Esteban y de Valencia.
La fe cristiana en una sociedad secularizada.

16 ENERO
LUIS GARCÍA MATAMORO. Decano Facultad de Derecho canónico (UPSA).
La regulación de la presencia pública de la Iglesia católica en España. Los acuerdos Iglesia-Estado.

23 DE ENERO
D. PACO GÓMEZ. Periodista.
Fe cristiana y comunicación social.

30 DE ENERO
MONSEÑOR D. CARLOS LÓPEZ. Obispo de Salamanca.
Derechos humanos, libertad religiosa, libertad de la Iglesia.


sábado, 16 de septiembre de 2017

La hospitalidad olvidada

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”

Martin Luther King

Europa no es solamente una economía en declive. No puede languidecer y ser un simple espectador; debe ser la voz que defienda la libertad, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, que aporte su conocimiento y su experiencia para evitar conflictos en otras partes del mundo. La Europa del siglo XXI tiene un reto para sobrevivir: integrar y mantenerse fiel a sus valores –la tolerancia, la libertad, el respeto a la vida y al ser humano–

Francisco Pleite Guadamillas



Acoger al extranjero en nuestra patria, en nuestra casa y en nuestra tierra, en nuestro corazón y nuestras personas parece un imposible político y social. No sé si estamos olvidando nuestras raíces culturales, preocupados por nuestro propio yo, y desvaneciendo en el errar posmoderno la esencia más profunda de la civilización occidental. La hospitalidad era uno de los signos más destacados de la civilización griega, Zeus, dios de dioses, entre otras cosas, era el dios de la hospitalidad. Bueno es recordar las palabras de Nausiacaa, princesa de los feacios, que al contemplar tendido en la playa a Odiseo, náufrago y desdichado comenta: “Éste es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los extranjeros y pobres son de Zeus” (Homero, Odisea VI)
Los romanos consideraban un deber sagrado atender al extranjero, su deber era preparar la casa y la mesa para el huésped que pasaba. Se la consideraba una de las virtudes más estimada, la mejor prueba de generosidad, que se manifestaba de forma instrumental a través del contrato del hospitium. No solo tenía un carácter personal, se ampliaba a la familia y a la ciudad, llagando incluso a poner multas al que hubiera reusado dar hospitalidad a un viajero después de la puesta del sol.
En el mundo de la Biblia, la hospitalidad no era una cortesía, como en todo el mundo mediterráneo, era una obligación. Una comunidad, ciudad o persona que no se acercarse a los viajeros antes de que cayese la noche era un grave incumplimiento del honor para el extranjero como para las comunidades locales. El anfitrión asumía las responsabilidades de proveer comida, agua y alojamiento para los invitados y sus animales (Gn 24.23-25; 26.30; 33.1-33). El nómada, al venir de todas partes, siempre se encuentra en camino, favorece la marcha hacia el otro y hacia el Otro, mientras que el hombre de la ciudad se encierra en sí mismo, rehúsa la hospitalidad. Sodoma y Gomorra son el símbolo del rechazo de la hospitalidad y el odio al prójimo. El invitado no podía esperar quedarse con la familia más de dos noches, podía ser descortés y deshonroso quedarse más días. En esta fase de la hospitalidad, era norma dejar partir el invitado en paz, sin haber interrumpido la armonía social de la familia o de la comunidad.
El pueblo de Israel, al igual que otros pueblos de Oriente, practicaba la hospitalidad. Su antepasado Abraham era extranjero errante por los desiertos de Egipto y Siria. Los israelitas entendieron su participación en estas prácticas a la luz de su propia historia, única como pueblo de Dios: “…tu Dios... hace justicia al huérfano y a la viuda, y... ama a los extranjeros, proveyéndoles comida y vestido. Tú también amarás al extranjero, pues vosotros también fuisteis extranjeros en tierra de Egipto » (cf. Dt 10.17, 19 RVR1960; Dt 26; 5-9; Ex 22.21; Lv 19.33-34)
La hospitalidad, la acogida del otro, ha formado parte también de nuestra historia de europeos. Es patrimonio de nuestra cultura, de nuestro propio ser como humanos. Acoger al otro, sobre todo en apuros, ha sido algo consustancial a las relaciones de las personas y de los pueblos, configurándose como un elemento esencial del progreso humano. La hospitalidad es un gesto de humanidad, que no se limitaba a dar casa y alimento, sino prestar atención a las palabras y necesidades del acogido. Personas que huyen de la guerra en Oriente, del hambre y la guerra en África, niños deambulando por las vías del tren, hombres mendigando comida en los campos de refugiados, mujeres con sus niños en brazos intentando calmar el hambre y calor, es una muestra de que no se respeta la dignidad humana, ante la indiferencia de todos, de la sociedad, de los diferentes estados europeos.
La globalización nos está arrancando de nuestras raíces, encerrados en nuestro propio ser, vivimos en una sociedad que invita por interés y desconfía cuando acoge y, sobre todo, no escucha e ignora la vida de tantos extranjeros que huyen de la miseria y del hambre. Todo nuestro mundo gira alrededor de un individualismo cada vez más egoísta que solo se mueve por intereses puramente económicos. En esta coyuntura, la hospitalidad es una quimera, se rechaza al extranjero y al diferente, donde miedo paraliza la tranquilidad individualista. No se produce la escucha, más bien la indiferencia, incluso el rechazo violento en forma de xenofobia y vallas en las fronteras.
Frente a la indiferencia y el egoísmo, numerosos grupos y asociaciones han querido formar oasis, un “hospital de campaña”. Espacio donde las personas que huyen de la guerra, la persecución, del hambre, puedan encontrar alivio, sanación, misericordia, comodidad y sobre todo escucha de su situación. Ya el profeta Amós, denunciaba que las injusticias de unos, el lujo desproporcionado de otros, que fabrican el hambre, la pobreza y las columnas de refugiados. El profeta presenta a un Dios indignado con la sociedad injusta a la que sacudirá como a “una cesta de higos maduros”. El profeta se revela contra todos aquellos que quieren acallar los gritos de los maltratados, perseguidos y no acogidos: “Escuchadlo los que exprimís a los pobres y elimináis a los miserables; pensáis: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender trigo, o el sábado para ofrecer grano y hasta el salvado de trigo? Para encoger la medida y aumentar el precio, para comprar por dinero al desvalido y al pobre por un par de sandalias. ¡Jura el Señor por la gloria de Jacob no olvidar jamás lo que han hecho!” (cf. Am 8,4-7). El propio Jesús fue más duro que el profeta Amós, “¡Apartaos de mí, malditos... porque fui extranjero y no me acogistéis!” (cf Mt 25,41-43).
No es fácil que nos podamos hacer cargo de tantos que sufren, de tantos no acogidos desde nuestras vidas acomodas y adormecidas. Cerramos los ojos a tantas personas vulnerables, que solo llaman la atención si son quemadas en un cajero o se mueren de frío en los campos de refugiados. La esclavitud del siglo XXI tiene hoy dos caras visibles y tapadas por muchos: El contrabando de inmigrantes y la trata de personas. No creo que los que deambulan por Europa, huyendo del dolor, hayan elegido esta forma de vivir. La vida de millones de personas está en juego, también la dignidad de los europeos, la lucha por la tolerancia, la libertad, el respeto a la vida y del ser humano, son imperativos de nuestro ser europeo.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Más allá de lo religioso

El hombre no sólo es; no se contenta con vivir; quiere ser bien; aspira a una vida buena. Necesita incluir en el hecho de vivir, para que su vivir sea humano, que éste valga la pena, que tenga un sentido… la pregunta por el sentido aparece a lo largo de la historia estrechamente ligada con las religiones y con el Misterio al que todas ellas remiten.
Martín Velasco

Cuando el horizonte está marcado por lo efímero y por la fragmentación, y el marco en que nos movemos es un corto plazo cada vez más restringido a lo inmediato, la búsqueda de sentido se vuelve una tarea ardua, cuando no imposible.
Tony Mifsud

El verano sirve para hacer un paréntesis en la enorme carga de trabajo, buen momento para leer y releer, meditar con el texto en la mano, sobre lo nuevo o lo viejo. Centrado en una obra sobre el porvenir de lo religioso, alguien preguntaba si la religión puede aportar alguna cosa al hombre de nuestro mundo posmoderno y líquido, en una sociedad individualista y profundamente secularizada. No es una novedad que la realidad de lo religioso comenzó con el ser humano, en los primeros momentos de su historia el anhelo por lo transcendente acompañó a los primeros Sapiens. No es un estadio entre lo mítico a lo científico que superar, ha formado parte de su definición como ser arrojado en el mundo y buscador de sentido.
Mientras exista humanidad existirá el fenómeno religioso, realidad que dará sentido a su existencia y colmará el vacío de sus soledades. Lo religioso en un mundo de inseguridades, dará certidumbre y consuelo, sacará al hombre de sí mismo, le ayudará a mirar al otro, fomentará la fraternidad, denunciará los males que nos acosan y rebasando su la justificación con los poderes terrenales que justifican la opresión. La secularización y la sospecha han sido necesarias y son positivas para depurar los elementos religiosos que oprimen y justifican el poder, pudiendo hacer de lo religioso una fuente de liberación, como fue en el principio. La crítica de lo religioso ha sido siempre necesaria y sana, un ejemplo fue el propio Jesús. Esa crítica está muy alejada de ciertas posturas agresivas y de rechazo  la persona creyente, pero menos violentas que las furias del creyente radical vinculado a ciertos dogmas religiosos o a quienes los detentan desde el poder.
La religión no brota de la indigencia y la precariedad, sino de la vivencia con el misterio. No es una proyección humana, es algo más que percibir el eco de la propia voz, es un hecho objetivo en el que alguien se encuentra con Alguien, o al menos, con Algo. El hombre necesita transcender más allá del poder y la sexualidad (V. Frank), más allá de la materia, está necesitado del misterio y de lo espiritual. En esa confrontación con el misterio, el hombre despliega la doble conciencia sintiente y racional (Zubiri). Esa religiosidad, el ser humano la ha ido descubriendo en un logos interno, en una razón que constituye la matriz del pensamiento en desarrollo constante en la historia de las religiones. Este logos, se manifiesta de una forma original en los símbolos religiosos.
El ser humano, necesita el símbolo para construir su historia colmada de sentido. El hombre con ayuda del símbolo, ordena e interpreta esa realidad, la reconstruye. Con el símbolo puede ir más allá de las cosas y de su contacto inmediato, hacia esa realidad que está dentro de nosotros y nos trasciende. El símbolo es un educador en el misterio, es el signo originario de lo sagrado (P. Ricoeur). La conciencia reflexiva, que estaba encerrada en el yo, es enriquecida y “descentrada” por la interpretación (hermenéutica), que descubre que el símbolo no sólo es símbolo del yo, sino hierofanía de lo sagrado.
Más allá de la búsqueda de sentido del ser humano y establecer el lugar en el cosmos, la religiosidad ha sido y es un elemento cultural de primer orden. La religión capacita al hombre para el obrar social, ayuda a mantener la sociedad (Talcott Parsons, Peter L. Berger). Por otra parte, lo religioso salvaguarda el proceso de la formación de la identidad, al  preservar al individuo de desaparecer por completo en la sociedad, le posibilita el poder preservarse a sí mismo frente a la pretensión social de totalidad.
La espiritualidad, aunque sea difusa, es un elemento consustancial al ser humano. En nuestras sociedades posmodernas sigue siendo actual, para muchas personas es una importante fuerza instintiva y sintiente de búsqueda de sentido. En medio de la confusa crisis de lo religioso, hay una búsqueda de lo espiritual incluso de forma más radical, volviendo hacia formas politeístas y precristianas, sin gran orden, pero fuera de lo institucional. Muchos buscadores de espiritualidad ven en las religiones institucionalizadas y oficiales un obstáculo a las fuerzas liberadoras del espíritu.
Desde estas espiritualidades difusas y místicas, el cristianismo debe mirar a la cultura posmodernas y convertir sus nostalgias interesadas de un pasado triunfante, en un servicio a las fuerzas liberadoras y creativas hacia los más necesitados y los últimos de la sociedad. No se transmite la fe desde el saber teológico, sino desde el testimonio.  Hay acontecimientos de la historia del cristianismo que no han trasmitido Evangelio, palabras y gestos de los cristianos que han falsificado el Evangelio. En una cultura recelosa de lo religioso y pero necesitada de espiritualidad y de sentido, el cristianismo puede aportar la vía del amor y la misericordia en un mundo que clama justicia, equidad y respeto a los derechos humanos. Más allá de los templos y las instituciones, el cristianismo debe converger en el mundo, abrazar la realidad de los más necesitados, fomentar la pregunta por el sentido y acoger con una mira teológica renovad la pluralidad de credos y de pensamiento en una actitud de diálogo.



viernes, 25 de agosto de 2017

En “la era del vacío”

En todas partes encontramos la soledad, el vacío, la dificultad de sentir, de ser transportado fuera de sí; de ahí la huida hacia adelante en las “experiencias” que no hace más que traducir esa búsqueda de una «experiencia» emocional fuerte.
G. Lipovetsky

La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y agita en la escena durante una hora y después deja de oírse… un cuento narrado por un idiota, con gran aspaviento que no significa nada
W. Shakespeare, Macbeth

Hace treinta años que se publicó el libro de G. Lipovetsky, La era del vacío (1886), se profetizaba el advenimiento de una segunda revolución individualista, propia de exceso de consumo, un nuevo narcisismo desplegado por la sociedad capitalista. En esta obra, como en otras de la época, con pensadores como Lyotard o Vattimo, no dejaban de subrayar la lógica del individualismo en la cotidianidad de la vida y de la existencia, suponiendo una inflexión en la historia marcada por el advenimiento de la era postmoderna y el fin del modernismo que había liberado el pensamiento desde el siglo XVII y XVIII. No éramos conscientes en los años ochenta de la transcendencia y profundidad de lo que estábamos leyendo, solo algunos atisbos casi difusos y desdibujados de esa realidad que ahora se nos impone desde la perplejidad.
Después de tres décadas, estamos viviendo ese momento anunciado, el advenimiento de una sociedad de hiperconsumo marcada por una estetización del mercado, alianza entre empresas y artistas, convirtiendo el comercio en una obra de arte, como ha puesto de relieve la nueva obra de G. Lipovetsky , La estetización del mundo. Vivir en la época del capitalismo artístico (2015). Esa nueva cara del capitalismo ya clásico, pero siempre en transformación, vive enfrascado en aumentar sus riquezas, producir y difundir en abundancia toda clase de bienes para el mercado, pero generando profundas crisis económicas y sociales, desigualdades y pobreza, así como grandes catástrofes ecológicas.  La “era del vacío” se presenta como trituradora de todo elemento ético, cultural, artístico o humano que pueda oscurecer la rentabilidad del dinero, que es un fin en sí mismo, generando una sociedad nihilista. Las consecuencias de todo ello, no solo se manifiestan en las desigualdades, paro, precariedad laboral, proletarización o pobreza, también en una forma nueva de vivir que se caracteriza por la “pérdida de la amabilidad”, el fin de la armonía, la belleza y la poesía.
Se ha generado una “sociedad de la indignación”, que se ha ido materializando no solo en movimientos callejeros, también se ha ido canalizando de forma política en muchos países capitalistas y de la opulencia. El filósofo coreano Byun-Chul Han, más allá de la sociedad del cansancio o de los tiempos líquidos, ha introducido la idea de la “sociedad del escándalo”. Una sociedad que carece de firmeza y de actitud, elementos esenciales para construir lo social y lo político, incapaz para la acción o la narración; es una sociedad sin gravitación, un mundo que ya que no engendra futuro. Toda esta realidad umbría del capitalismo y de la globalización, está generando su propia “teología legitimadora” de un nuevo orden mundial, donde prima el consumo sobre el ser humano.
Esta nueva realidad cultural y económica en que estamos inmersos, todas las ideologías, filosofías, y creencias tienen igual valor. Se hace “tabula rasa”, el capitalismo y el consumo absorbe toda explicación del mundo, reinventándose continuamente para que nada cambie, arrodillando cualquier pensamiento a la generación de capital y ganancia. En imperativo del capital, ninguna filosofía, ninguna creencia es mejor que otra, todas pueden competir por igual a la vista de los “compradores” de sentido. Ante la “perplejidad” de muchos, hoy el ciudadano cede su crítica y sus razones, su belleza y sus valores, ante una paleta infinita de placeres, diferentes e iguales. A pesar de todo, está generando un malestar difuso, una indignación impotente que lo invade todo, un sentimiento de vacío interior que está imposibilitando al individuo para sentir y pensar.
Z. Bauman subrayaba de forma clarividente, que hoy es más fácil tener sexo que afrontar el encuentro con el otro, en una sociedad donde la soledad y la depresión son la enfermedad más grave a pesar de la comunicación y tecnología. El consumo de la “era del vacío” nos lleva a que el individuo esté profundamente centrado en el tener, perdiendo todo el sentido del ser y  de la felicidad. Este nuevo hombre, se centra más en lo más externo, la apariencia, la fama, el poder, el dinero y acaba perdiéndose a sí mismo, generando esa sensación de “vacío” y de soledad, que le lleva a la desesperación e incluso al suicidio.
Cuanto más se despliega la lógica de la racionalidad productiva y capitalista, mayor es la presencia de las lógicas sensitivas y estéticas. Aunque desprovistas de unidad, se multiplican las creaciones con fines emocionales destinadas a ejecutar unos ingresos del capital cada vez más suculentos. Desde esta realidad se desarrollan toda una serie de movimientos espirituales y sensibilidades religiosas desvinculas de lo institucional, una mixtura de creencias múltiples y variadas, asimiladas por el individuo sin provocar contradicción, una especie de sincretismo politeísta donde da lo mismo “esto” que “aquello”. Una sociedad donde “todo vale”, vertebrada por la nueva espiritualidad: “El capitalismo”. Ya no precisa ninguna religión para legitimar y vertebrar su situación en la sociedad, él es la única y verdadera religión, llegando a ser todo en todas las cosas. Es “el nuevo opio del pueblo”, una adormidera con hermosas cadenas que condena al individuo al culto al progreso y la acumulación, y al rito del consumo, celebrando su liturgia en las nuevas iglesias y catedrales, los grandes centros comerciales.
Es más necesaria que nunca una espiritualidad liberadora, una espiritualidad que no puede ser enseñada, sino descubierta por el propio individuo. En ella se clama por la responsabilidad de que las injusticias no queden en el olvido y se pueda mantener en alto la esperanza. La pérdida de sentido, las visiones optimistas de progreso que olvidan a los que sufren y a las víctimas, se hace necesario desplegar una espiritualidad de “ojos abiertos”, una memoria passionis que sea crítica y que exija justicia para mantener la esperanza frente al vacío y al hambre. No olvidemos que vivimos dos realidades en un mismo mundo: La de una sociedad de la opulencia y el consumo arrojada al vacío y a la soledad; y la de un mundo esclavizado y oprimido, olvidado y explotado, arrojado al hambre y la miseria. Una espiritualidad liberadora que mantiene, que ni el vacío, ni el hambre tienen la última palabra, ya que en el horizonte está la esperanza.  Una espiritualidad que despliega más amor que conocimiento, que no es más que ese “saber no sabiendo” de nuestro querido San Juan de la Cruz.