domingo, 19 de enero de 2020

Os llamo amigos



“—Sólo se conocen las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!”.
Antoine Saint-Exupéry
Vivir sin amigos es como estar en el desierto, pues la amistad multiplica los bienes y reparte los males.
J. L. Vázquez Borau


Nos recordaba Antoine Saint-Exupéry, que los hombres de hoy, ya no sabemos como hacernos amigos y ese es posiblemente uno de los dilemas más desoladores de nuestro tiempo. El hombre es un “nudo de relaciones”, y la clave de este nudo es precisamente esa capacidad humana para la amistad. Esa necesidad de abrirse a la existencia del otro y de establecer un vínculo duradero en el cual no solo me conozca, sino que me descubra a mí mismo y pueda comprender mejor al ser humano. La amistad es un regalo, un don, pero es también el fruto de un esfuerzo. No podemos conformarnos con quedarnos en la epidermis de una amistad efímera, la verdadera amistad exige generosidad, donación y confianza.
Como revela Saint-Exupéry en El principito, “sólo con el corazón se puede ver bien”. En el pensamiento clásico, hubo grandes contribuciones al estudio de la amistad, como quedó reflejado en las obras de Cicerón y de Séneca. Ellos nos han ayudado a captar la profundidad que lo que significa la amistad y su modo de vivirla.
Cicerón escribió en su obra De amicitia que el amigo es “otro yo”, “la mitad de nuestro ser” y, que la verdadera amistad se alcanza mediante el cultivo de la virtud, en especial la fidelidad y la constancia.
Séneca anima a ser útil y servicial con los amigos, siendo la solidaridad una de sus fundamentales virtudes. La obligación del amigo es visitarle y atenderle en su desamparo, en la enfermedad o la soledad. No se olvida de la obligación de ayudar al amigo indigente, de atender al padre anciano, porque el amor y el afecto han de acompañar a la amistad.
La mística de la amistad es un buen camino para la espiritualidad creyente. La experiencia cristiana no es creer en Dios, sino relacionarnos con Dios como amigo. Dios ya no es una idea, o un ser distante, sino que es un amigo que nos llama a la amistad sin límites. Jesús nos reveló que Dios es padre y amigo, y ambos símbolos se completan, pues el padre es significativo si es amigo. La experiencia cristiana de Dios es la experiencia del amor de amistad, en el sentido más fuerte de la palabra. Así, dice a sus discípulos: "Os llamo amigos... Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por el amigo..." (Jn 15,12-16). Para Jesús, el "mayor amor" es el amor de amistad.
Dios, como nos recordaba el primer libro de Samuel, “guarda los pasos de sus amigos” (1Sam 2). Abraham, el padre de los creyentes fue el primer hombre al que Dios llamó amigo; así lo comenta el profeta Isaías: “Y tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi escogido; estirpe de Abraham, mi amigo, a quien escogí de los extremos de la tierra, a quien llamé desde sus confines, diciendo: “Tú eres mi siervo, te he elegido y no te he rechazado”, no temas, porque yo estoy contigo, no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortalezco, te auxilio, te sostengo con mi diestra victoriosa” (Is 41, 8-10). Pero esa amistad también era cercana con Moisés, nos recuerda el libro del Éxodo, que Dios bajaba a la tienda del Encuentro y lo hacía “cara a cara, como habla un hombre con un amigo” (Ex 33, 9-11).
La amistad, debe ser el componente necesario de cualquier forma de amor, es la que expresa mejor la libertad del amor, necesaria para que éste llegue a su madurez. La amistad es la única existencia universal del amor, igual que lo es el amor que Dios ofrece en Jesús. La amistad que practicó Jesús, nos revela el ideal de la amistad humana, como el modo de amar a Dios. El nazareno amó a todos con misericordia y ofreció su amistad a todos. Pero como hombre, estuvo cerca no solo de sus discípulos, como nos comentan los evangelios, sino que estableció una amistad de manera cercana con el apóstol Juan (el discípulo amado), de Lázaro (al que lloró su muerte), de sus hermanas Marta y María, de José de Arimatea, Nicodemo, etc.
Las llamadas de Jesús a la amistad de forma fraterna entre todos, son las llamadas de un amigo cercano. Su mandamiento es que nos amemos unos a otros como él nos ama, que seamos amigos y solidarios, que practiquemos la projimidad unos con otros. La gran novedad de Jesús es que "los otros" ya no son personas indiferentes o distantes. No son personas que se las pueda usar, de las que se deba abusar y tampoco ignorar, explotar u odiar. A causa de la paternidad amistosa de un Dios universal, "los otros" están llamados a ser mis hermanos y hermanas.  La espiritualidad es básicamente crecer en la amistad con Jesús y en la fraternidad con los demás.
La amistad con Dios, a través de Jesús, nos lleva a la misericordia y la solidaridad con todos, sobre todo con los que más sufren. Toda solidaridad cristiana es una síntesis entre la fraternidad y la misericordia, o mejor, la solidaridad permanece habitada por la amistad y por la misericordia. Jesús no es sólo amigo, sino también salvador y liberador, y su amistad es una solidaridad eficaz con respecto a las miserias del amigo, del hermano, del prójimo.
La verdadera amistad con Jesús se expresa con la bondad, la humildad, la mansedumbre, la solidaridad y la misericordia. La enumeración de las bienaventuranzas del evangelio de Mateo, hace de la misericordia y de la justicia el eje fundamental de la amistad con Jesús. Las Bienaventuranzas son la revelación de la cercanía de Dios, que se sitúa bajo el signo de la absoluta gratuidad. Son el camino de la amistad con Jesús, un estilo de vida y un modo de actuar para el cristiano. Los amigos de Jesús no se han de ocultar detrás de una espiritualidad sin compromisos, su conducta deberá estar marcada por una dedicación misericordiosa a las personas, que significa ser sensibles a los sufrimientos de quienes nos rodean, buscar la paz y la justicia, desde la humildad y sin imponer formas de pensar. Seamos fraternos y misericordiosos, sobre todo seamos amigos.




viernes, 3 de enero de 2020

Un deseo de paz.


Si sembramos a lo largo de nuestra vida semillas de paz, de justicia, de libertad, de fraternidad, de amor, engrandeceremos, con nuestro ejemplo el espíritu de la humanidad.
MIGUEL ÁNGEL MESA BOUZAS

La paz es la tranquilidad del orden… La paz es obra de la justicia
SAN AGUSTÍN

es esencial una educación que expanda la capacidad de imaginar un mundo diferente. La imaginación da el poder para actuar en favor del cambio social y para poner en marcha aventuras pacíficas constructivas
ELISE BOULDING

Que el Señor te bendiga y te proteja;
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz.
(Núm 6,22-26)

En primer lugar, desear a todos los lectores, un FELIZ AÑO 2020. Atiborrada nuestra mente de tantas cosas, informaciones, noticias, trabajo, necesitamos momentos de silencio y de hondura, para estar con nosotros mismos y llenar la despensa del corazón de propósitos renovados para el nuevo año. No es fácil hacer cambios en nuestros hábitos o comportamientos, estamos muy influidos por la “inconsistencia temporal”. No abordamos de igual manera el presente que el futuro, pero sabemos que la renovación nos ayuda a crecer, a madurar en nuestra existencia.
Es una buena práctica, antes de cualquier proyecto echar la vista atrás para otear el camino recorrido, ver lo aprendido en el año. En ese camino nos hemos reafirmado en los postulados para luchar por un mundo mejor, en el descubrimiento de nuevos ideales, en seguir aprendiendo y amando, a pesar de los errores, y, sobre todo, de no descuidar la memoria. Para todo ello, es bueno dar gracias. Entendiendo la gratitud como una actitud de humildad que sale del corazón, es un sentir admiración por lo sucede cada día y sentir la alegría por el placer de vivir que asoma en cada esquina de nuestra existencia.  Gracias a Dios por todo un año cargado de vida; gracias a todos los que me habéis acompañado, visibles e invisibles y, también, por todos aquellos que no están pero que no se han ido de mi corazón.
La gratitud no está exenta de perplejidades ante lo cotidiano, ya que las encrucijadas de la pobreza, la injusticia, el conflicto, la situación del paro, la necesidad y la exclusión, los inmigrantes, refugiados y las guerras comprimen el ánimo. El deseo y búsqueda de un mundo mejor para todos no siempre se ejerce desde la certeza sino también desde la incertidumbre y la perplejidad.  Pero a pesar de nuestras perplejidades nada debe resbalar en nuestro corazón y hacer frente a todo aquello que atente contra la dignidad. Para ello, es necesario el agradecimiento ante lo aparentemente pequeño de cada día, también hacia todos aquellos que nos acompañan y nos hacen un mundo más habitable.
Una vez agradecidos debemos buscar los mejores propósitos para el nuevo año. Un año es más que el tiempo biológico, nuestras cotidianidades están mezcladas con los grandes acontecimientos de un mundo cada vez más globalizado. Un buen propósito para el año podría ser desplegar la creatividad y la solidaridad, para que se puedan romper los muros de la indiferencia y ser sensibles al dolor ajeno. Son muchos los que sufren, con lo que es necesario recuperar unas bases sólidas para comprender y compartir la realidad de tantos.
Propondría otro propósito para el año, superar los miedos sociales y globales. Rebajar las incertidumbres existenciales, sociales, económicas, políticas y establecer lazos de mayor hondura en la búsqueda de sentido. No estaría mal, superar todo tipo de exclusiones, principalmente de aquellos colectivos que no son productivos o que no generan riqueza. No pueden quedar al margen de la sociedad, como descarte o basura desechable, para ello hay que intentar y luchar, para que todo tipo de fronteras y separaciones externas e internas, se conviertan en puertas abiertas atravesadas por unos corazones abiertos hacia los más necesitados, donde nuestros espacios comunes y sociales, sean realmente una casa de todos y para todos.
También sería un buen propósito, superar los nacionalismos y fundamentalismos que levantan fronteras imaginarias que con el tiempo se convierten en reales. Muros que nos aíslan con la falsa idea que estamos más seguros y que son necesarios para afianzar nuestra identidad. Armonizar lo global y lo local parece urgente, intentando limitar los conflictos entre los dos ámbitos, siendo la cultura de la paz y hospitalidad uno de los valores más necesarios.
Por último, un deseo de paz. Es uno de los dones más grandes del ser humano. La guerra es el naufragio del bien, su crueldad, es lo que ha obligado a millones de personas en situaciones extremas a salir de sus casas con lo puesto, condenadas al destierro en tierra extraña, siendo rechazados en su dignidad y desprotegidos por el derecho internacional.

En el último año, se han acentuado las tendencias separatistas en numerosos países, incluso en los países más desarrollados, con un fuerte aumento del nacionalismo y del conflicto. La ausencia de una autoridad global, ha provocado que las guerras internas y transfronterizas han aumentado desde la guerra fría.   Sobre todo, las guerras de baja intensidad, no convencionales o asimétricas, con pocos efectivos, pero con más intervenciones, ampliándose los conflictos económicos, políticas y sociales.
Comenta Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de 2020, que la guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.  La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total; sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana. El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes.
Para conseguir la paz, hay que educar en la paz. Esta forma de educar, debería enseñarnos a perder el miedo a la diferencia del otro, a tratar a las demás culturas en igualdad de condiciones, vacunándonos de la tentación de imponer a los demás aquellos modelos económicos, políticos, culturales y tecnológicos que no nos conducen a la felicidad. Tenemos la obligación moral de fomentar en nosotros como sociedad, en nuestros hijos, en nuestros alumnos, la capacidad de oponernos a muchas cosas que nos ofrecen como normales y cotidianas pero que generan violencia e injusticia. La paz, no es otra cosa que la síntesis de la libertad, la justicia y la armonía.

FELIZ AÑO, sobre todo PAZ

 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Ceniza y corazón

Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.
Francisco
La Cuaresma te invita a dar una versión nueva a tu vida: la de Cristo. Te hace libre, orante y generoso. Vive esta gracia.
Carlos Osoro

La Cuaresma para un cristiano es un preámbulo que le introduce en el Misterio Pascual de Cristo, celebración más importante del calendario litúrgico y de la vida cristiana. Con la ceniza se abre la Cuaresma, que puesta a la vista de todos quiere recordar el sentido penitencial que tiene este tiempo de conversión hacia la Pascua.
Los primeros datos de la Cuaresma se remontan al siglo II, aunque en el formato de los cuarenta días comenzará en el siglo IV. Será la confluencia de tres itinerarios, la preparación de los catecúmenos a los sacramentos de iniciación que culminaban en la Pascua, las celebraciones penitenciales y la participación de la comunidad, acompañando a las dos anteriores como preparación a la Pascua.
La Ceniza se empezó a imponer a todos los fieles en el siglo IX, cuando empezó a decaer la práctica de la penitencia pública (ordo paenitentium). Se conservó la fecha tradicional, es decir, el miércoles anterior al primer domingo de Cuaresma, como un signo de conversión ante la llamada de Dios. Con la imposición de la ceniza se nos invita a una profunda revisión de nuestra vida, de nuestras actitudes, así como a un tiempo de conversión y purificación. De liberarnos de todo aquello que nos estorba para encontrarnos con Dios, de vivir en verdad y de corazón ante el Padre y los hermanos.
La Cuaresma es por excelencia un kairós, un tiempo oportuno, un tiempo intenso, creativo, caluroso, participado, orante, de salvación. Donde cada cristiano se renueva en su vida de gracia, de incorporación a Cristo que muere y resucita. Es un tiempo oportuno para la escucha de la Palabra, tiempo para la reflexión personal y para hacer silencio en el corazón y en la vida, lugar privilegiado para el encuentro con Dios.
La liturgia cuaresmal, rica en símbolos, utiliza la palabra conversión. En griego, la palabra “metánoia significa “cambio de mentalidad”; así como la palabra latina “conversio”, es “cambio de dirección”. Para encontrarse con Cristo en la Pascua, el creyente busca un cambio de mentalidad lejana al evangelio, por otra que pone su acento en la misericordia y en el perdón: conversión de una vida mundana, carnal y alejada de Dios, por una vida centrada en el espíritu; conversión del egoísmo y el narcisismo, por la apertura a Dios y al prójimo, sobre todo a los más necesitados. La conversión entra en la hondura del corazón, en lo más profundo del ser cristiano, ya que es morir con Cristo para resucitar con Él: Rasgad los corazones, no las vestiduras, convertíos al Señor Dios vuestro.

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lunes, 25 de febrero de 2019

Trabaja por la justicia social


 

Lo que nos mueve, con razón suficiente, no es la percepción de que el mundo no es justo del todo, lo cual pocos esperamos, sino que hay injusticias claramente remediables en nuestro entorno que quisiéramos suprimir
Amartya Sen


El siglo XX es ininteligible si no se tiene en cuenta lo que significan en él estas dos palabras juntas: ‘justicia social’. Es algo indiscutido; todo el mundo la pide; nadie la niega, menos se atrevería a oponerse a ella
Julián Marías

Lo humano debe ser el pilar de los parámetros políticos y económicos, desde la dignidad de la persona y su participación activa en el bien común. Vivimos en una profunda crisis no solo de valores, las contradicciones del propio capitalismo, está provocando que la verdadera justicia social esté perdiendo su verdadero sentido. Los medios nos muestran cada día que muchos seres humanos carecen de importancia, son residuos donde su dignidad no cuenta. Para hacer presente los derechos más elementales necesitamos un fundamento ético global que nivele las desigualdades y pueda generar justicia.
La justicia social es un marco de reconocimiento y encuentro, una reivindicación en la que debemos estar unidos todos, creyentes y no creyentes. La justicia social tiende a asegurar el respeto y la promoción de los derechos para todos, principalmente para los menos favorecidos, inscribiendo estos derechos en las estructuras y en el funcionamiento de la sociedad. El 19 de noviembre de 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas deciden declarar que el 20 de febrero de cada año se celebre el Día Mundial de la Justicia Social.  Este año con el lema “Si quieres paz y desarrollo, trabaja por la justicia social”.
La celebración de este día busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos. Afirman las Naciones Unidas que la creación de empleo de mayor calidad y un mejor acceso al trabajo para el 40 por ciento de los más desfavorecidos podría significar un aumento de los ingresos y contribuir a que las sociedades estuviesen más cohesionadas y fueran más equitativas. Por este motivo, son importantes para prevenir conflictos violentos y abordar los desafíos posteriores al conflicto. Para las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana.

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jueves, 1 de noviembre de 2018

XLVII CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN, 2018 - 2019

Las Conversaciones de San Esteban, nacen en 1972 y ofrecen un espacio de reflexión y diálogo abierto entre la fe, la cultura y la vida. Te invitamos a participar en las XLVII CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN, con el título "¿EL FINAL DEL HOMO SAPIENS?" Inicio, Martes 6 de noviembre a las 20:00 h. Aula Magna del convento.


Nos encontramos en el inicio de uno de los grandes cambios de época en la historia de la humanidad. Las nuevas tecnologías (de la información, nano-tecnologías, tecnología biomédica...) están modificando nuestro modo de vida, de relación, de con-figuración de nuestras sociedad, de entendernos a nosotros mismos... Se habla del final del homo sapiens y de la aparición del cyoborg y del inforg, un ser humano que intercambia información con la bioesfera pero también con realidades virtuales.

Este panorama de nuestro presente suscita preguntas. ¿Es cierto que la tecnología podrá alterar la naturaleza humana?, o ¿seguiremos siendo huma-nos, demasiado humanos?; y la fe cristiana ¿cómo puede integrar en su experiencia de fe todos estos cambios?

6 de noviembre
Retos y riesgos de las sociedades avanzadas.
Dr. Francisco Giner Abati. Catedrático de antropología. Facultad de Psicología de la Universidad de Salamanca.

13 de noviembre
¿Y si la genética y epigenética explican el ser humano?
Dr. Rogelio González Sarmiento. Director del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Director científico del Instituto de investigación biomédica de Salamanca.

20 de noviembre
La regeneración de órganos y tejidos humanos: mitos y realidades de la terapia celular.
Dr. Fermín Sánchez-Guijo Martín. Profesor del Departamento de Medicina de la Universi-dad de Salamanca. Director del Área de Terapia Celular, IBSAL-Hospital Uni-versitario de Salamanca.

27 de noviembre
Modificación genética de los seres vivos: ¿herramientas de dioses?
Dr. Manuel Adolfo Sánchez. Profesor del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Responsable de la Unidad de transgénesis de la Universidad de Salamanca.

4 de diciembre
La extraña condición humana frente a animales, máquinas y dioses.
Dr. Luciano Espinosa. Profesor titular de Antropología filosófica. Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca.

11 de diciembre
Debate en torno al posthumanismo.
Fr. Jorge Luis Álvarez y Fr. Ricardo de Luis Carballada. Profesores Facultad de Teología San Esteban.

15 de enero
El cerebro y el futuro del ser humano. Sueños y pesadillas.
Dr. José Ramón Alonso. Catedrático de Biología molecular, Universidad de Salamanca. Director del laboratorio de Plasticidad neuronal y neurorre-paración del Instituto de Neurociencias de Castilla y León.

22 de enero
El uso de los Big Data en salud: temor o esperanza.
Dr. Jesús María Hernández Rivas. Catedrático del Departamento de Medicina de la Universidad de Salamanca. Responsable de la Unidad de Citogenética del Hospital Universitario de Salamanca.

29 de enero
TI, la Tecnología de la Información. Impacto y cambio en la vida y naturaleza humana: Homosapiens 2.0 David Rodríguez Merino. Ingeniero informático. Webmaster de la Universidad de Valladolid.

5 de febrero
Transhumanismo: realidad, ficción y desafíos.
Dr. Antonio Diéguez. Catedrático de Lógica y Filosofía de la ciencia.
Facultad de Filosofía de la Universidad de Málaga.

12 de febrero
Apostillas teológicas al transhumanismo. El ser humano imagen dinámica de Dios.
Dr. Martín Gelabert. Catedrático de Antropología teológica. Facultad de Teología de Valencia.

19 de febrero
La antropología cristiana ante el reto de la modificación de la condición humana implicada en el reto de la procreática.
Monseñor Juan Antonio Martínez Camino. Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Madrid. Catedrático de Teología dogmática. Facultad de Teología de San Dámaso.


http://www.conventosanesteban.es/kit_upload/file/2018-EVENTOS/Conversaciones-2018-2019.pdf



viernes, 10 de noviembre de 2017

XLVI CONVERSACIONES DE SAN ESTEBAN (2017 – 2018)



Este año con el título “LA FE CRISTIANA: DECISIÓN PERSONAL Y COMPROMISO PÚBLICO”

Desde 1972 ofrecen un espacio de reflexión y diálogo abierto entre la fe, la cultura y la vida. Se intenta la inteligencia de los temas actuales; el discernimiento de los signos de los tiempos; el enfoque teológico de la realidad histórica. Después de esta larga andadura, las Conversaciones de San Esteban se han convertido en uno de los foros de diálogo cultural interdisciplinar de Salamanca.

14 DE NOVIEMBRE
MONSEÑOR D. LUIS ARGÜELLO. Obispo auxiliar de Valladolid.
La iglesia católica y la sociedad española.

21 DE NOVIEMBRE
Dª. SILVIA BARA. Profesora de la Universidad Pontificia Comillas (Madrid).
El despertar a la fe en una sociedad de múltiples ofertas

28 DE NOVIEMBRE
D. CÉSAR IZQUIERDO. Profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
La fe cristiana y su presencia en la vida pública.

4 DICIEMBRE
FRAY RICARDO DE LUIS. Profesor de la Facultad de Teología de San Esteban.
Los niños necesitan religión. El derecho a la enseñanza religiosa.

12 DE DICIEMBRE
D. JAVIER FUERTES. Profesor Universidad Pontificia de Comillas (Madrid).
Frente al dios mamón, compromiso, estúpidos, compromiso. Fe cristiana y economía.

19 DE DICIEMBRE
D. JAVIER MARTÍNEZ-TORRÓN. Catedrático de Derecho. Universidad Complutense de Madrid.
Religión, Estado laico y espacio público.

9 ENERO
FRAY JORGE LUIS ÁLVAREZ. Profesor de la Facultad de Teología de San Esteban y de Valencia.
La fe cristiana en una sociedad secularizada.

16 ENERO
LUIS GARCÍA MATAMORO. Decano Facultad de Derecho canónico (UPSA).
La regulación de la presencia pública de la Iglesia católica en España. Los acuerdos Iglesia-Estado.

23 DE ENERO
D. PACO GÓMEZ. Periodista.
Fe cristiana y comunicación social.

30 DE ENERO
MONSEÑOR D. CARLOS LÓPEZ. Obispo de Salamanca.
Derechos humanos, libertad religiosa, libertad de la Iglesia.


sábado, 16 de septiembre de 2017

La hospitalidad olvidada

“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”

Martin Luther King

Europa no es solamente una economía en declive. No puede languidecer y ser un simple espectador; debe ser la voz que defienda la libertad, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, que aporte su conocimiento y su experiencia para evitar conflictos en otras partes del mundo. La Europa del siglo XXI tiene un reto para sobrevivir: integrar y mantenerse fiel a sus valores –la tolerancia, la libertad, el respeto a la vida y al ser humano–

Francisco Pleite Guadamillas



Acoger al extranjero en nuestra patria, en nuestra casa y en nuestra tierra, en nuestro corazón y nuestras personas parece un imposible político y social. No sé si estamos olvidando nuestras raíces culturales, preocupados por nuestro propio yo, y desvaneciendo en el errar posmoderno la esencia más profunda de la civilización occidental. La hospitalidad era uno de los signos más destacados de la civilización griega, Zeus, dios de dioses, entre otras cosas, era el dios de la hospitalidad. Bueno es recordar las palabras de Nausiacaa, princesa de los feacios, que al contemplar tendido en la playa a Odiseo, náufrago y desdichado comenta: “Éste es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los extranjeros y pobres son de Zeus” (Homero, Odisea VI)
Los romanos consideraban un deber sagrado atender al extranjero, su deber era preparar la casa y la mesa para el huésped que pasaba. Se la consideraba una de las virtudes más estimada, la mejor prueba de generosidad, que se manifestaba de forma instrumental a través del contrato del hospitium. No solo tenía un carácter personal, se ampliaba a la familia y a la ciudad, llagando incluso a poner multas al que hubiera reusado dar hospitalidad a un viajero después de la puesta del sol.
En el mundo de la Biblia, la hospitalidad no era una cortesía, como en todo el mundo mediterráneo, era una obligación. Una comunidad, ciudad o persona que no se acercarse a los viajeros antes de que cayese la noche era un grave incumplimiento del honor para el extranjero como para las comunidades locales. El anfitrión asumía las responsabilidades de proveer comida, agua y alojamiento para los invitados y sus animales (Gn 24.23-25; 26.30; 33.1-33). El nómada, al venir de todas partes, siempre se encuentra en camino, favorece la marcha hacia el otro y hacia el Otro, mientras que el hombre de la ciudad se encierra en sí mismo, rehúsa la hospitalidad. Sodoma y Gomorra son el símbolo del rechazo de la hospitalidad y el odio al prójimo. El invitado no podía esperar quedarse con la familia más de dos noches, podía ser descortés y deshonroso quedarse más días. En esta fase de la hospitalidad, era norma dejar partir el invitado en paz, sin haber interrumpido la armonía social de la familia o de la comunidad.
El pueblo de Israel, al igual que otros pueblos de Oriente, practicaba la hospitalidad. Su antepasado Abraham era extranjero errante por los desiertos de Egipto y Siria. Los israelitas entendieron su participación en estas prácticas a la luz de su propia historia, única como pueblo de Dios: “…tu Dios... hace justicia al huérfano y a la viuda, y... ama a los extranjeros, proveyéndoles comida y vestido. Tú también amarás al extranjero, pues vosotros también fuisteis extranjeros en tierra de Egipto » (cf. Dt 10.17, 19 RVR1960; Dt 26; 5-9; Ex 22.21; Lv 19.33-34)
La hospitalidad, la acogida del otro, ha formado parte también de nuestra historia de europeos. Es patrimonio de nuestra cultura, de nuestro propio ser como humanos. Acoger al otro, sobre todo en apuros, ha sido algo consustancial a las relaciones de las personas y de los pueblos, configurándose como un elemento esencial del progreso humano. La hospitalidad es un gesto de humanidad, que no se limitaba a dar casa y alimento, sino prestar atención a las palabras y necesidades del acogido. Personas que huyen de la guerra en Oriente, del hambre y la guerra en África, niños deambulando por las vías del tren, hombres mendigando comida en los campos de refugiados, mujeres con sus niños en brazos intentando calmar el hambre y calor, es una muestra de que no se respeta la dignidad humana, ante la indiferencia de todos, de la sociedad, de los diferentes estados europeos.
La globalización nos está arrancando de nuestras raíces, encerrados en nuestro propio ser, vivimos en una sociedad que invita por interés y desconfía cuando acoge y, sobre todo, no escucha e ignora la vida de tantos extranjeros que huyen de la miseria y del hambre. Todo nuestro mundo gira alrededor de un individualismo cada vez más egoísta que solo se mueve por intereses puramente económicos. En esta coyuntura, la hospitalidad es una quimera, se rechaza al extranjero y al diferente, donde miedo paraliza la tranquilidad individualista. No se produce la escucha, más bien la indiferencia, incluso el rechazo violento en forma de xenofobia y vallas en las fronteras.
Frente a la indiferencia y el egoísmo, numerosos grupos y asociaciones han querido formar oasis, un “hospital de campaña”. Espacio donde las personas que huyen de la guerra, la persecución, del hambre, puedan encontrar alivio, sanación, misericordia, comodidad y sobre todo escucha de su situación. Ya el profeta Amós, denunciaba que las injusticias de unos, el lujo desproporcionado de otros, que fabrican el hambre, la pobreza y las columnas de refugiados. El profeta presenta a un Dios indignado con la sociedad injusta a la que sacudirá como a “una cesta de higos maduros”. El profeta se revela contra todos aquellos que quieren acallar los gritos de los maltratados, perseguidos y no acogidos: “Escuchadlo los que exprimís a los pobres y elimináis a los miserables; pensáis: ¿cuándo pasará la luna nueva para vender trigo, o el sábado para ofrecer grano y hasta el salvado de trigo? Para encoger la medida y aumentar el precio, para comprar por dinero al desvalido y al pobre por un par de sandalias. ¡Jura el Señor por la gloria de Jacob no olvidar jamás lo que han hecho!” (cf. Am 8,4-7). El propio Jesús fue más duro que el profeta Amós, “¡Apartaos de mí, malditos... porque fui extranjero y no me acogistéis!” (cf Mt 25,41-43).
No es fácil que nos podamos hacer cargo de tantos que sufren, de tantos no acogidos desde nuestras vidas acomodas y adormecidas. Cerramos los ojos a tantas personas vulnerables, que solo llaman la atención si son quemadas en un cajero o se mueren de frío en los campos de refugiados. La esclavitud del siglo XXI tiene hoy dos caras visibles y tapadas por muchos: El contrabando de inmigrantes y la trata de personas. No creo que los que deambulan por Europa, huyendo del dolor, hayan elegido esta forma de vivir. La vida de millones de personas está en juego, también la dignidad de los europeos, la lucha por la tolerancia, la libertad, el respeto a la vida y del ser humano, son imperativos de nuestro ser europeo.