domingo, 17 de agosto de 2014

Bajo el sol de Estambul


Santa Sofía, Estambul

Hace unos días realicé una peregrinación y un viaje de estudios bíblicos con la parroquia de la Purísima, intentábamos ir tras las huellas de Pablo y las primeras comunidades cristianas, atravesando gran parte de Turquía. La ruta empezaba en Antioquía y terminaba en Estambul, donde estuvimos cuatro días. Sorprendentemente es la ciudad más poblada del país, aunque no es la capital, pero sí una ciudad de contrastes. Dos continentes, Europa y Asia, una población muy asiática y a la vez europea,  una ciudad musulmana con un profundo pasado cristiano. Pero también un caos de tráfico, una ciudad- comercio, con cientos de personas transitando por sus calles, con un abanico de colores, sabores y olores. Ciertos barrios, un poco abandonados, pero nos recordaba Juan Goytisolo, que la belleza del conjunto avasalla, borra la fealdad de sus partes. Como si fuera un escenario cinematográfico, se mezclan los juegos de luces, con el colorido blanco y verde, y el mar azulado siempre al fondo, rodeando la escena.
Es denominada la ciudad de los minaretes, pero a pesar del dominio musulmán, uno se puede adentrar en los restos de antiguas iglesias cristianas, e incluso, sinagogas, reconvertidas en mezquitas. Se dice que no es religiosa, según la república de Atatürk, pero la voz el muecín inunda los cuatro puntos cardinales de la urbe, a pesar del trajín comercial o administrativo de cualquier ciudad. Las pocas iglesias cristianas de culto activo, las podemos encontrar escondidas tras algún patio o una verja. Aunque, algunos viajeros como Pierre Loti, su café  sigue siendo una atracción turística, le atraía ese carácter exótico y oriental de Estambul, criticando su occidentalización.
Como en Konya, en Estambul, el sufismo está presente en su espiritualidad. La lírica musical de Mevlana  inunda el horizonte de sus minaretes, donde los derviches en la privacidad, siguen girando en su danza mística, al ritmo de las Suras del Corán y una filosofía platónica. En el sufismo, Dios se manifiesta en el interior del alma del hombre, alma que se separa del cuerpo para purificarse y llegar a nuevas cotas de perfección. Pero sobre el bosque de minaretes, de las mezquitas Azul, de Solimán, Nueva, etc, sobrecoge el pasado cristiano en el templo que Justiniano, dedicó a la Sabiduría Divina, HAGIA SOFIA.
La Madre de Dios presentando a la Sabiduría Divina
Madre de Dios presentando a la Sabiduría Divina

La Sabiduría Divina está muy presente en el Antiguo Testamento, como en los libros de los Proverbios y Eclesiástico. Es la que sale de la boca del Altísimo, fundada desde la eternidad. En el libro de la Sabiduría, después de haber contemplado la Sofía, como un soplo de potencia divina y la gloria del Todopoderoso, describe las intervenciones decisivas en la historia desde la creación del primer ser humano. Las primeras comunidades cristianas de la mano de Pablo y Juan, desarrollan una cristología de corte sapiencial. Así las primeras comunidades cristianas identificarán la Sabiduría Divina y la persona de Jesucristo, donde Éste, será colaborador del Padre en la creación. Sería algo así, como una mirada de Dios hacia afuera, hacia el mundo creado, como Sabiduría Divina del mundo. Donde Dios, han entrado en el mundo no sólo para sanarlo o iluminarlo, está presente como Sabiduría desde sus inicios, ordenándola y embelleciéndola. San Agustín, nos recordaba, a cualquier sitio que mires, la Sabiduría te habla por los vestigios que ha impreso en sus obras.
Pantocrátor de Santa Sofía
Así, desde estas premisas se construye una de las obras cumbres del arte Bizantino. Representa la síntesis entre Oriente y Occidente. En ella se funden las dos concepciones del mundo y se forma un estilo nuevo, completamente original, con la simbiosis entre la cúpula, como símbolo del arte oriental, y la planta basilical, cuyo origen está en Occidente. No es la Theótokos la protagonista, ella nos presenta a un niño, el Cristo, que representa la Sabiduría Divina. El inmenso ámbito que creaba la bóveda por encima de los fieles quería representar un único Dios y una única fe para toda la humanidad.

Hoy sigue, aunque como museo, sigue  ahí, coqueteando con las imponentes mezquitas, que se inspiraron en su construcción. No sé, pero me vienen a la mente las palabras del teólogo dominico Schillebeeckx, hay más verdad en el conjunto de todas las religiones que en una sola religión aislada. Es cierto, el Islam salvaguarda mejor la unicidad de Dios, pero el cristianismo insiste más en la dimensión personal y ha sabido beber mejor del pensamiento y la razón. Cuando las religiones solo beben de su propio pozo, sin atender a las profecías que vienen de fuera, pueden terminar creyendo que la única verdad es la suya. Una religión pensada, nunca se deslizará hacia tentaciones fundamentalistas.
 
Vista de Estambul desde la torre Gálata
 


“Buscamos por doquiera el absoluto y sólo encontramos cosas”
Novalis, Himnos a la noche"

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