domingo, 20 de abril de 2014

La Posada del Silencio nº 112, curso V

La posada del silencio

El texto de hoy

La posada del silencio

Tu me sedujiste Yavhé y yo me dejé seducir

Con frecuencia nuestros pensamientos son como una resistencia, como una defensa y son también una agitación.

Dentro está la luz, dentro está el Señor. En el silencio todo se puede desbloquear para que emerja la Presencia de Dios, para que aparezca la luz.

Una luz insospechada saldrá de nuestro corazón en el silencio.

Haced silencio para que pueda fluir toda la Presencia que os habita.






CAMPAÑA DE SOLIDARIDAD EN LAS VILLAS

el: 17/4/2014 9:11:33 (84 Lecturas) 
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Cada año en la Zona de Las Villas se realiza una campaña de solidaridad. Durante la campaña, que dura hasta el mes de octubre, se van realizando diversas actividades, siendo la principal la Marcha de la Solidaridad, que este año será el 11 de mayo. Recorre los diversos pueblos da la zona y se cierra en cada pueblo con una actividad destinada a la recaudación de fondos para los proyectos en que se ha elegido trabajar durante la campaña.
Open in new window El día 13 de abril, domingo de Ramos, se celebraron diversos actos en algunos de sus pueblos. En Villoruela a lo largo de la mañana en la plaza del pueblo se realizó un mercadillo solidario. En él se vendieron plantas y flores, cultivadas por los propios vecinos a lo largo del año para esta finalidad. El día, que amaneció con sol brillante, y la buena temperatura facilitaron el éxito de esta actividad, que ya viene siendo una tradición es esta localidad.

En Babilafuente, en el Centro Multiusos cedido por el Ayuntamiento, tuvo lugar por la mañana y a lo largo del día otro mercadillo de venta de productos donados o elaborados por los propios vecinos, entre ellos sabrosos productos de repostería.

Con estas actividades se cumple un doble objetivo: de sensibilizar a la población de esta zona salmantina sobre la realidad de la pobreza en el Tercer Mundo y aquí mismo, analizando sus causas y sus consecuencias; y fomentar la solidaridad como el mejor medio para hacer frente a estas situaciones injustas. El 60% de lo que se recauda es para un proyecto de Acción Verapaz, organizadora e impulsora de la Campaña. Un 20 % para un proyecto de Cáritas Salamanca, y otro 20 % para un proyecto de Manos Unidas, simbolizando así la importancia de unirse para trabajar juntos por la erradicación de la pobreza.

Por la tarde, en Villoria tuvo lugar la Asamblea Anual de socios de la Delegación de Verapaz en Salamanca. Su celebró en el Centro Cívico de esta localidad, cedido por el Ayuntamiento. Estuvieron presentes alrededor de 40 socios y socias de Acción Verapaz, con representación de la ciudad de Salamanca, de Villoria, de Villoruela y de Babilafuente, además de los miembros de la Junta Directiva. Es una actividad muy importante dentro de la Delegación, pues además de aprobarse la Memoria de Actividades y Económica del año 2013, se presentaba el variado programa de actividades a desarrollar en los diversos pueblos y en la ciudad de Salamanca durante la campaña de este año 2014.

Virginia Casado, secretaria de la Delegación, inició el acto leyendo el Acta de la Asamblea anterior. A continuación Luis M. Figuero, presidente de la Delegación, hizo una síntesis breve y clara de las actividades realizadas dentro de la campaña de 2013 y de los resultados obtenidos, la ejecución de los proyectos para los que se trabajaba en la campaña. En el caso de Acción Verapaz el proyecto que se pudo ejecutar, gracias a la campaña y a una subvención del Ayuntamiento de Salamanca, fue la construcción en Nicaragua de casas para mujeres abandonadas por sus maridos. La tesorera, Mónica González, cerró la primera parte de la Asamblea mostrando con cifras los buenos resultados de la campaña. Ambas memorias se aprobaron por unanimidad. La ilusión y del esfuerzo compartido ha sido una vez más la mejor demostración de que la solidaridad no es un sueño imposible, sino que día día la vamos convirtiendo en realidad entre todos.

En la segunda parte se procedió a la elección del proyecto en el que se va a implicar la Delegación durante el año 2014. Previamente se hizo la presentación de los tres proyectos enviados desde la Secretaría de Madrid, para elegir uno de ellos. Dos proyectos venían de Haití, uno de compra de mulas y otro de compra de cabritas; el tercero lo habían envidado las dominicas de la Anunciata desde Argentina.

El proyecto de la compra de cabritas lo presentó Reyes Laso, vocal de la Junta Directiva; el de la compra de mulas fue presentado por Octavio, un dominicos de Rep. Dominicano que ha visitado en diversas ocasiones Haití; y el de Argentina por Juan José, un dominico argentino, que se encuentra en Salamanca por razones de estudio. Los tres hicieron una exposición muy clara del contexto en el que surge el proyecto, la necesidad a la que respondía, a quiénes iba a beneficiar, repercusiones sobre la comunidad beneficiaria y posibilidades de continuidad. Fueron tan claras y convincentes las presentaciones que resultaba difícil la elección, pues quedaba claro que todos eran necesarios e importantes para la mejora de las condiciones de vida de la comunidad beneficiaria, pero había que escoger y, al final, los votos favorecieron al proyecto de la compra de mulas. En este interesante proyecto se centrará el trabajo de la campaña, intentando proporcionar a una comunidad haitiana, que vive aislada y sin posibilidades de acceso por vía motorizada, de un medio de transporte para la comercialización de los productos y el transporte de personas.

La Asamblea se cerró con una información sobre el encuentro de formación del último fin de semana de junio. Se celebrará en Valladolid, y se tratará este tema: “Cooperación y Desarrollo. Visión crítica”. Se hizo una invitación a participar en él, pues es un interesante espacio no sólo para la reflexión sino también para el encuentro entre quienes formamos parte de la “red Verapaz”.

J.Antonio

Primera noche de pascua con el MJD!!

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Presentación de “Rutas para el Camino” en León

El viernes 2 de mayo, a las 18h00, en la Residencia “Ntra. Sra. de Fátima” de las Misioneras de Santo Domingo en León (c/ Suero de Quiñones, 1) se presentará el libro homenaje a Bernardo Cuesta “Rutas para el camino”.
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Documento
Boletín fraternidad de Palencia nº 102 - Abril 2014
Boletín informativo de la Fraternidad de Laicos Dominicos de San Pablo Apóstol de Palencia



El amor vive creciendo. Introducción a la vida y pensamiento de Juan González Arintero.

Libro impreso Autor:
Colección: ARIADNA nueva serie
Juan González Arintero, dominico del convento de San Esteban de Salamanca, es una de las figuras de la renovación espiritual en la España de comienzos del siglo XX. Tras formarse en el ámbito de las Ciencias Naturales y confrontarse teológicamente con la teoría de la evolución, se consagró al estudio de la mística y la espiritualidad.


Precio: 12,00 €
Páginas: 158
Año: 2014
ISBN: 978-84-8260-301-8


Perdonar... ¿hasta dónde?

Libro impreso Autor:
Colección: ARIADNA nueva serie
Perdonar no es fácil. Necesitamos tiempo para perdonar; para proyectar una mirada reconciliadora sobre quien nos ha ofendido. El perdón no es producto del voluntarismo ni del sentimiento. en sentido propio es un acto de fe y es resultado de la acción de Dios en nosotros. A partir de su experiencia pastoral, el P. Marcovits recuerda la grandeza y la felicidad que encontramos en el perdón. Y ofrece algunas consideraciones prácticas, de gran utilidad, para que podamos recorrer el camino que lleva a la gracia del perdón.


Precio: 8,00 €
Páginas: 76
Año: 2014
ISBN: 978-84-8260-303-2

Falleció fray Gerardo Wilmer Rojas Crespo, OP

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Por este medio, nos unimos al dolor de la Familia Dominica en Bolivia, por el fallecimiento hoy, miércoles santo (16 de abril de 2014), de nuestro hermano fr. Gerardo Wilmer Rojas Crespo, O.P. de la Viceprovincia de Bolivia.
Fr. Wilmer nació en 1964 e hizo su primera profesión en la Orden en 1987. En 1994, recibió la ordenación presbiteral y fue enviado a estudiar Historia de la Iglesia. En septiembre de 2008, fue nombrado archivero de la Orden y asignado al Convento de Santa Sabina en Roma. Al enfermar gravemente por un cáncer cerebral tuvo que regresar a Bolivia en donde fue cuidado cariñosamente tanto por sus hermanos como por su familia de sangre.
Fr. Fernando Delgado, O.P., prior Viceprovincial de Bolivia anuncia que la celebración de las exequias será mañana, 17 de abril, a las 11:00 en el Centro San Martín de Porres de Cochabamba. Acompañamos a nuestros hermanos bolivianos, con esperanza cristiana, en oración por la Pascua de fr. Wilmer.
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(16 de abril de 2017))


Washing of Feet with the Dominicans in Cairo
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Good Friday in St Albert's Priory in Oakland, USA

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Vendredi Saint au Couvent de Montpellier (Province de Toulouse - France)

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LA OBRA DE JOSÉ LAPAYESE BRUNA EN LAS CAPILLAS DEL COLEGIO DE LA VIRGEN DEL CAMINO EN LEÓN (por Enrique Valdeón)



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LA OBRA DE JOSÉ LAPAYESE BRUNA EN LAS  CAPILLAS DEL COLEGIO DE LA VIRGEN DEL CAMINO EN LEÓN


1. Las escenas del Rosario y del Viacrucis en las Capillas de las escuelas del Colegio

El invierno se envalentona sobre el mes de febrero y en las camarillas de la escuela apostólica suena la música de la mañana. Al despertar los ojos de la noche chocan con la escarcha de los ventanales en donde se dibujan figuras geométricas blanquecinas y plateadas.
Es la hora de la Misa. Adormecidos al alba, en el frío y la oración, la vista se detenía, en la blanca pared lateral donde José Lapayese realizó los catorce grafismos incisivos que representan las estaciones del Viacrucis en la capilla de la Escuela Mayor.
Y los quince misterios del Rosario, moldeados con belleza y esmero, que están en la capilla de la Escuela Menor. 
Sentado en esta capilla, y aturdido por la hora, la vista se cruzaba con el relieve de tres figuras llenas de fuerza. Un soldado con una lanza que abre paso para dejar el camino libre. Un Jesús cansado, encogido por el peso de la cruz que lleva arrastrando y un tercer personaje, parece otro soldado, en actitud agresiva lanzando su ira contra el cuerpo de ese Rey de los Judíos. Es la segunda estación del Viacrucis: Jesús con la cruz a cuestas.  
           
Me vino a la mente la estrofa que cantaba mi tía Florencia en Retuerto, un pequeño pueblo de la montaña leonesa:
Aquí en el segundo paso
que es un crecido tormento
Aquí ponen en mis brazos
aquel madero pesado
para sufrir más escarnio. (2)

 En cada huecograbado, cada estación, sus personajes están dotados de fuerza, de movimiento, dramatismo,…. Y establece en cada composición una magia que es una invitación a ese canto inicial que recorre el Víacrucis  en la Semana Santa Castellana:
Alerta cristiano, alerta
Pues ya la hora sonó
En el reloj de tu vida
Pues te llama el Salvador
Para que humilde le sigas.
En otra escena aparece Jesús, donde:
“ le azotan y escupen
y a una columna amarrado
el pueblo se reúne y con crecida algaraza
todos dicen que se ejecute.” 
                   

 Lapayese moldea los rasgos con fuerza, con movimiento, centrando la imagen en esa primera estación  donde humillado es condenado a muerte. 
La ultima escena, es de Jesús en la cruz, con el dolor de su madre y el llanto de un discípulo sumido en el adiós, que  recoge el texto de la montaña de León:
después para más tormento,
en el hueco de una peña
dejaron caer mi cruz.
Mis pies y manos se rasgan,
Quedó mi vista sin luz
Y faltándome el aliento
Entregué el alma a mi Padre.
Por todos rogué primero.


Los otros bajorrelieves corresponden a los misterios del rosario de la Escuela Menor, en donde aparece Jesús entre los doctores cuando la iglesia reza los misterios gozosos: quinto misterio, “el niño Jesús perdido y hallado en el templo” y que el autor plasma con personajes en asamblea preocupados, en actitud de dialogo y de consulta,  frente a ellos un Jesús adolescente.           



El cuarto misterio de los gozosos lo representa con María y José que  llevan al Niño al templo y Simeón lo toma en su brazos y dice: “Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz” como narra el evangelio de Lucas.
 

El último cuadro constituye el bajorrelieve de Jesús en el huerto de los olivos, primer misterio de los dolorosos, en una postura orante clamando a Dios porque aquello acabe, mientras, se ve un discípulo que duerme. 


Jesús tranquilo fue a orar
Por la gracia arrebatado,
Y quiso al fin derramar 
Su sangre, de rescatar
Al hombre por su pecado.

A su padre en la oración
Se dirige fervoroso,
Pidiendo, de corazón,
Del hombre la salvación
Con un acento amoroso. 

En las escenas sucesivas a las etapas de Jesús, simbolizadas por José Lapayese, se perciben técnicas de incisión sobre la superficie del muro con grafismos de distintos gruesos y profundidades. Utilizando la línea como vehículo adecuado para hacer patente su voluntad de expresión con la máxima pureza.
El autor llena a los personajes de un realismo lleno de vigor y susurrada vida. Belleza, fuerza, garra, expresión y dinamismo dan realismo a estos bajorrelieves realizados en las capillas del Colegio de la Virgen del Camino y que reposan en un espacio lejos de las miradas infantiles.
Portada del Libro La montaña de Riaño: Retuerto


2. Notas acerca del Autor y su trabajo en la Virgen del Camino

 José Lapayese, nace en Calamocha, Teruel, en el año 1889 y fallece en Madrid en 1982. Prestigioso pintor, pertenece a una dinastía de artistas que se inicia en el S. XV  con el artista francés Joseph Lapayese.
En 1919 acude como libre a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y es galardonado ese año con el premio extraordinario. En 1930 recibe el gran premio de la exposición internacional de Lieja y la medalla de Oro de Arte Decorativo en la Exposición Nacional de Bellas Artes. En 1964 funda en Inca (Palma de Mallorca)  el Museo de Cuero de Cordobanes y Guadameciles (piel curtida y cuero adobado y adornado con dibujos de pintura o relieve). El Centro de estudios de Jícola  (Aragón) celebra este año de 2014 el XIV Certamen de Artes Plásticas que lleva su nombre.
 Es un autor polifacético que se expresa mediante la pintura, el cordobán, la escultura, el guadamecil  y que, en las paredes de las capillas de las escuelas de la Virgen del Camino de León,  tiene una muestra de su obra importante por su originalidad y por estar en un espacio diseñado para el recogimiento y que invita a hacer un recorrido por la vida de Jesús.
 Esta obra se la encarga el P. Coello de Portugal, arquitecto del Colegio y de la Basílica que conoce el taller de José Lapayese en Madrid y que es del mismo curso de Emilio Lapayese, hijo del autor que realiza los grabados de las capillas, con el que tiene buena amistad. Como consta en el documento que el P. Luis P. Arruga envía en el verano a los apostólicos, cuando era Director de la Escuela Menor, el 23 de Julio del 61 se ordenan en la capilla de la escuela mayor quince sacerdotes dominicos entre los que se encontraba el P. Coello de Portugal y Emilio Lapayese. En ese mismo documento se relata que el día 24 Emilio Lapayese celebró en presencia de sus padres, muy emocionados,  su primera misa acompañado  por los estudiantes de teología de Salamanca y los novicios de Palencia con el P. Merino que habían acudido a ese evento tan importante.           
El P. Arias, actualmente en el Convento de San Pablo de Palencia, y en aquella época Director de la Escuela Mayor, confirma que los grabados son de José Lapayese Bruna, y que una vez dibujados sobre la pared, dos obreros se encargan de hacer el trabajo grueso y él es el que acaba y remata la obra. Según la viuda de Ramón Lapayese del Rio, María Luisa Balbás, es muy probable que Ramón también participara en la ejecución de dicho trabajo.                       
El acabado de los grabados se sitúa, según el P. Iturgáiz hacia el año 1959. La misma opinión me fue confirmada por el P. Casquero, por aquel entonces en la Virgen del Camino. Me dice que todavía recuerda, a sus 92 años, que el curso comenzó con retraso el día 17 de Noviembre de 1957, cuando estaban muchas partes del colegio en obras. Algún estudiante de aquel año recuerda el frío en la Virgen del Camino y sin calefacción… y como se pasaron varios meses “con la silla pegada al culo” pues la tenían que llevar de la clase, al comedor, al estudio,…. ya que no había mobiliario. En ese año las paredes de las capillas estaban en blanco esperando la obra de José Lapayese.         

  Enrique Valdeón, 13 de Marzo del 2014. Salamanca

(2) Los textos en cursiva están recogidos del libro “La montaña de Riaño: Retuerto” de la colección Pasión del Lucía. Salamanca. 2012 del que soy autor.                                       

“Creo en la resurrección de la carne”

Martes 15 de abril de 2014
Artículo de Marie-Jo Witnauer, Responsable Nacional adjunta de Francia, publicado en el Folleto mensual de oración de los Equipos del Rosario Nº386 - Abril 2014


Dios quiere que vivamos su propia vida y vivos para siempre, esa es la buena noticia que es el punto y final de nuestro Credo: “Creo en la resurrección de la carne, en la vida eterna. Amén”. En nuestros artículos citamos a menudo el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) fuente segura de la doctrina de la Iglesia e instrumento puesto a nuestra disposición para que “viviendo en un mundo con múltiples mensajes, cada uno pueda, gracias a él, educarse en la fe”.
Así encontramos allí esta definición: “La ‘resurrección de la carne’ significa que tras la muerte no sólo habrá vida para el alma inmortal, sino que incluso nuestros ‘cuerpos mortales’ [1] revivirán”. [2]


Creer en la resurrección de los muertos es un elemento esencial de la fe cristiana y por lo tanto, difícil de creer. Aceptamos con agrado que la vida de la persona humana continúa tras la muerte de cierta forma espiritual. Pero es infinitamente más difícil pensar que nuestro cuerpo mortal podrá resucitar en la vida eterna. Ya en tiempos de Jesús los Saduceos se oponían a esta creencia, mientras que los Fariseos y muchos otros esperaban la resurrección. Jesús mismo lo enseña con autoridad. Pero Jesús hace algo más que afirmar la verdad de resurrección de los muertos: liga la fe en la resurrección a su propia persona: “Yo soy la resurrección y la vida. El que crea en mí, aunque muera vivirá, y todo el que vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees eso?” [3].
Jesús mismo resucitará en el último día a los que crean en Él: “Quien escucha mi palabra y cree en el Padre que me ha enviado, obtiene la vida eterna y escapa del juicio, pues pasa ya de la muerte a la vida” [4]. Y “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna; y yo le resucitaré el último día” [5]. Da un signo y una prueba de ello devolviendo la vida a la hija de Jairo o a Lázaro [6], anunciando así su propia Resurrección que será, sin embargo, de otro orden. De este ‘acontecimiento único’ habla como del ‘signo de Jonás’ [7] o del Templo que reconstruirá [8]: anuncia su Resurrección al tercer día de su muerte [9].


• “Resucitaremos como Él, con Él, por Él”. [10] ¿Quién resucitará? ¿Cuándo? ¿Cómo? El Catecismo de la Iglesia Católica responde a estas preguntas.
Cristo ha resucitado con su propio cuerpo: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo” [11]; pero no ha regresado a una vida terrestre. Del mismo modo, en Él, “Todos resucitarán con su propio cuerpo, el que tienen ahora”, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria” [12], en cuerpo espiritual [13]. El “cómo” sobrepasa nuestra imaginación y nuestro conocimiento; sólo es accesible por la fe.
¿Cuándo? Definitivamente el ‘último día’. “Pues Él mismo, el Señor, a una señal dada por la voz del Arcángel y la trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos que están en Cristo resucitarán en primer lugar” [14]


En nuestros Equipos del Rosario, con la decena del Rosario meditado cada día, favorecemos nuestra unión personal con Cristo. Recordemos que el fruto del misterio de la Resurrección de Cristo es el don de la fe. Y día tras día, cada misterio rezado da su gracia particular. Terminaremos estas reflexiones con la exhortación del Papa Francisco: “Invocando la intercesión de la Virgen María, que guardaba cada acontecimiento en su corazón [15], pidamos que el Señor nos haga partícipes de su Resurrección; que nos haga capaces de reconocerle como el Vivo, viviente y actuante en medio de nosotros. Amén

Notas

[1] Rm. 8,11
[2] CIC 990
[3] Jn. 11, 25
[4] Jn. 5, 24
[5] Jn. 6, 54
[6] Mc. 5; Jn. 11
[7] Mt. 12, 40
[8] Jn. 2, 19-22
[9] Mc. 10, 34; CIC 994
[10] CIC 995
[11] Lc. 24, 39
[12] Fil. 3, 21
[13] I Cor. 15, 44
[14] I Tes 4, 16
[15] Lc. 2, 19-51


A media misa

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Chus Villarroel
Algunos amigos, e incluso, compañeros de convento, saben que digo la misa todas las tardes en privado, en mi habitación, y quieren asistir a ella. Me las veo y me las deseo para alejarlos. No encuentran lógica mi postura. Ahora ya me voy atreviendo más pero antes me daba vergüenza decirles la verdad. Y la verdad es que muchos días me tengo que levantar a media misa e irme al servicio porque la operación que me han hecho lleva consigo estas servidumbres. Todos os daréis cuenta del papelón que monta el cura yéndose al servicio a media misa y los demás esperando a dos metros que salga para continuar. Nunca pensé en mi vida que me iban a suceder las cosas que me están sucediendo. Me hubiera muerto de aprensión si me hubieran dicho que algún día tendrían que limpiarme de arriba abajo como una mamá a su bebé. A priori esta humillación no la hubiera aguantado o, al menos, me hubiera hecho temblar pero a posteriori me siento muy liberado. Ni los que me lo hacen ni yo vemos demasiada truculencia en la operación, pese a ser en la celda de un convento. Truculencia significa, espanto, horror, barbaridad. Pues no, es todo más sencillo. Lo que nos pasa es que somos muy soberbios y no nos gusta exhibir nuestras partes más débiles y verecundas. Nos gusta que nos vean en nuestra apoteosis, en el mejor momento, muy arreglados. Hay gente que me dice que por qué hablo de estas cosas tan íntimas, con su aquél, además, de repelencia y repugnancia. Tengo dos razones. La primera es que, desde Adán y Eva, todos los hombres necesitamos una sanación en algo que es una realidad simplemente humana y parte de nuestra encarnación. Pues sí, yo estoy muy sanado y con gran facilidad. Cuando me limpian en el hospital o donde sea, sea del sexo que sea el limpiador, no siento ningún desosiego, encogimiento o crispación. ¡Qué paz me ha dado la aceptación de mí mismo hasta esos niveles! ¡Qué a gusto me encuentro junto a la cruz de un Jesús despojado de sus vestidos! Está bien el pudor, no digo que no, pero yo necesitaba una sanación a pesar de que no soy nada puritano. La profunda humildad, sin fingimiento, que hay en ciertos despojos, en este terreno y en otros, ¡cuánta falta me hacía! Esto sólo se aprende después de pasarlo, antes sólo actúan la razón estética y la razón social que, por supuesto, no admiten ningún abajamiento o ridículo personal. ¿Para qué se necesita una sanación? Para entrar en lo que San Pablo llama virtud perfecta que nos abre paso a la culminación del cristianismo. La virtud perfecta no es un catálogo de hábitos buenos sino la aceptación de uno mismo en su realidad pobre y necesitada. Adán y Eva hablaban con Dios sin complejos, pero después del pecado, nos dice la Biblia, que se escondieron cuando oyeron la voz de Dios porque estaban desnudos. O sea que el pecado culpabiliza, el pecado degrada, el pecado desnaturaliza. Tapar tu desnudez lleva consigo esconder tu verdad. Si desnudos somos iguales ¿por qué nos escondemos los unos de los otros? He conocido a algunos que se esconden de sí mismos, incluso al ir a ducharse. No es, por tanto extraño, que yo necesitara una sanación en este terreno ya que de lo contrario no aceptaría del todo mi encarnación. Yo nunca lo hubiera hecho por mí mismo, mi razón y mi lógica nunca lo hubieran aceptado pero el Señor con esta enfermedad me ha dado la ocasión y me ha sanado. De lo contrario al llegar al cielo me escondería del Señor por estar desnudo. La segunda razón de por qué hablo de cosas tan íntimas es porque veo en todo ello la mano de Dios. Mantener la fe en una enfermedad tan larga y tan dura como la mía es un don de Dios. No me refiero a una fe teórica, a la fe que se expresa en el credo que recitamos en la misa a base de conceptos abstractos, sino a la fe concreta, la que actúa en mí y me convence de que Dios está en cada una de mis operaciones, de mis dolores, de mis pobrezas. La fe que hace que me sienta acompañado en situaciones terribles. Es cierto que hay muchos momentos en que se te nubla todo. A veces no sólo te sientes solo sino con ganas de desaparecer. No obstante, cuando pasan esos momentos, percibes que alguien ha estado contigo. Por eso hablo de cosas tan íntimas porque ¿de qué vamos a dar gloria a Dios mejor que de aquello que más nos duele? ¿De dónde me va salir una oración más real y más sincera que de la superación de mi mayor humillación? Los salmos siempre nos dicen que el Señor levanta del polvo al humilde y desvalido. En cierta ocasión clamaba al cielo con bastante insistencia y entendí que el Señor me decía: "Tú sigue predicándome a mí sin tantos miedos y complejos sobre el futuro. En cuanto al tema de tu enfermedad trátalo con mi madre". ¡Mi enfermedad la tenía que tratar con su madre..! Yo nunca había tenido un trato demasiado íntimo con ella. Lo pedía y lo buscaba pero no se me había dado. Como es lógico entregué en el acto toda mi enfermedad a María y ello me ha dado ocasión de hablar muchísimo con ella durante tantos meses y años y lo sigo haciendo. No me ha ahorrado ningún paso ni sufrimiento pero su protección maternal la he visto tan palpable que yo personalmente la llamo la Virgen del detalle. La sanación y la protección de María han sido los regalos más grandes de mi enfermedad. La sanación porque me ha descubierto mi pobreza y dependencia humana y la protección de María por el talante maternal que tiene siempre el sufrimiento cristiano. Tenemos unos hermanos y una madre para todo. Es muy bueno descubrir a los demás cuidándote. Juan Pablo II dijo después de salir del Policlínico Gemelli, cuando fue herido en el vientre, que había descubierto la misericordia en médicos y enfermeras. Yo mismo, desde mi dependencia, he visto en las diversas clínicas por las que he pasado, qué buena ha sido la gente conmigo y qué bien me ha tratado. La cruz del sufrimiento tiene dos caras: una es cruel y te destroza, la otra, sin embargo, te da un crecimiento y una sabiduría que no renuncias por nada del mundo a ella. No quieres el sufrimiento pero te alegra el haberlo pasado. San Pablo dice que vivimos en una gracia (Rm 5, 3) que hace que nos alegremos hasta en la tribulación. Si perseveramos, la tribulación engendra paciencia y si sufrimos con paciencia llegamos a la virtud perfecta. La virtud perfecta nos proporciona la esperanza que no defrauda porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Esta concatenación de sentimientos solo se puede entender vitalmente, es decir, si lo experimentas. Sólo la primera es espontánea; la tribulación viene cuando más descuidado estás. De esto, todos sabemos un poco. Los demás pasos, al menos en mí, son gracia, los he recibido. La cruz en mi vida no ha venido ni de ser sacerdote ni de la soledad ni de la castidad ni de la obediencia, aunque éstas tengan su parte. Yo he aprendido paciencia en la fidelidad de largos años a la predicación y he aprendido misericordia en los cinco años últimos que llevo de enfermedad. Nadie es humilde si no ha sido humillado ni nadie es misericordioso si no ha experimentado la misericordia en él. Santo Tomás dice que la paciencia modera la tristeza y hace a uno comportarse dignamente en el sufrimiento y en las injurias. Mi temperamento me ha ayudado pero tengo la sensación de que la paciencia en estas tribulaciones me ha sido dada, no es espontánea en mí. Yo no soy un estoico o un masoca. De ahí ha brotado la "virtud perfecta". ¿Qué significa virtud perfecta en mí? En que acepto que me limpien de arriba abajo y en que asumo mi situación y mi oscuro futuro tal como me pronostican. Yo llevo cincuenta y tres años de sacerdote y me veo con virtud perfecta. ¿Por qué? ¿Porque sea muy virtuoso según los catálogos de virtudes al uso? No, sino porque me siento a gusto de sacerdote, no me cambio por nadie, y no me importaría serlo de nuevo si volviera a nacer. Yo quiero, sin embargo, ir más arriba. Aunque tenga virtud perfecta y lo acepte todo, con todo mi ser, no por eso tengo esperanza. Pablo dice que a la virtud perfecta le sigue la esperanza. Sí, es necesaria la virtud pero por sí misma no produce crecimiento más allá de sí misma. La esperanza pertenece a otra dimensión, a la del Espíritu. No es automático el paso de la virtud, aunque sea hija de la gracia, al don, que es donde vive la esperanza. Si tú te tocas un diente con la lengua nunca sabrás qué diente es y qué lugar ocupa en tu boca si no actúa el cerebro. Los bienes de la esperanza como vivir con Jesucristo, resucitar, la alegría del cielo, el deseo de la felicidad eterna, no vienen de la virtud perfecta sino de la actuación del Espíritu, son de otro orden. Todo lo que se hace a nivel religioso sin Espíritu Santo es querer tocar los dientes con la lengua sin que actúe el cerebro. Esos bienes no se dan al nivel de las virtudes, se necesita el nivel del don. Estamos en terreno de gratuidad total y aquí el que actúa es únicamente el Espíritu Santo. En mí, la aceptación de mi situación, propia de la virtud perfecta, sí ha producido esperanza pero no se la achaco a mi aceptación, sino al Espíritu. Yo tengo la lengua bien y el diente sano y en su sitio pero si me falla el cerebro no tengo conciencia de ese toque. Igualmente la aceptación de mi enfermedad como virtud, aunque sea perfecta, no tiene capacidad para darme la esperanza. Con ocasión de ella el Espíritu me ha dado la esperanza. Y ésta me ha producido frutos como sentirme mucho más cerca del cielo, moderarme el miedo a la muerte y aumentarme el deseo de la otra vida. Siento una fortaleza y protección que no son mías. De ahí me brota oración para que el Espíritu me haga crecer en los bienes de la esperanza. Yo creo que el Espíritu actúa en nuestras mismas hormonas y somatiza los bienes del cielo a los que aspira la esperanza. Se puede desear el cielo hasta pasionalmente. De esa forma me hace sentir y vivenciar, lo que dice San Pablo, que la esperanza no me va a fallar porque el Espíritu me aumentará la sensación y deseo del cielo. EL Espíritu, en mi caso, es signo, señal, garantía, certeza interior de que mediante sus dones, en este caso de fortaleza, todo se cumplirá como Dios lo desea. Cuando tu felicidad coincide con la voluntad de Dios entras en la omnipotencia de la aceptación trasformada ya en don. Pero cualquier deseo o logro nos tiene que ser dado. Pues bien, querido lector, a pesar de todo lo que he comentado, sigo diciendo la misa solo, en mi habitación, porque creo que hay que guardar un respeto a los amigos. No obstante, sí estarás de acuerdo conmigo en que tenemos mucho puritanismo que nos aleja de la sencillez y por lo tanto de Dios. No soportamos nuestra propia pobreza y, que la vean los demás, menos. Me despido diciéndote que si algún día te sucede algo semejante a lo mío y este artículo te ayuda, me sentiré feliz.

VALLADOLID SE MUEVE…

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Todavía causa sorpresa contemplar, a cierta distancia, la Semana Santa vallisoletana. Riadas de gente deambulan de un lado para otro siguiendo la estela de las diversas procesiones que durante la Semana Santa atraviesan la ciudad. Son muchas y resulta difícil asistir a todas. No obstante, hay personas que tratan de no perder ninguna. Por eso hay que andar con paso ligero para vivir, aunque solo sea por un instante, segundos de admiración y sorpresa.
Y sorprende que así sea. Este mundo, que parece tan reacio a lo espiritual, parece dejar en la percha los prejuicios y se imbuye en un ambiente peculiar donde todo habla de entrega, dolor, amor y redención. Y así, no es raro ver en medo de la multitud, a personas con la faz demudada. Algunas llorando con cierto desconsuelo y, otras secándose “una furtiva lágrima”, no sin cierto pudor al verse sorprendidas por la mirada del observador ajeno. Hay también otras que miran un poco desconcertadas, como si se preguntaran a dónde va todo esto…
¿A dónde va?
Tras esas lágrimas y esos rezos, musitados imperceptiblemente, las personas siguen preguntándose qué hay detrás de todo esto que concita a tal muchedumbre y que la hace caminar buscando “pasos” que se pierden en la noche de la ciudad, rodando por callejuelas tenebrosas y buscando silenciosamente la sede a la que volver, tras el desfile impresionantemente mudo. El revuelo de capirotes y manolas se muestra pocas veces al año. Pero esas pocas veces acumulan en su interior una gran emoción contenida. Por eso, no es raro ver llorar como salida canalizada a tanto sentimiento convulso y reprimido que indica que somos algo más que mirada ausente o movimiento automático. Dentro de cada cual hay una fibra que reacciona ante lo grandioso e incomprensible. Y la Semana Santa se define con esos dos adjetivos.
Para la mayoría en ella hay retazos de historia que nos unen al pasado. Un pasado común y un pasado personal. El pasado común de una historia hecha recuerdo de momentos salvadores, donde el Cristo que contemplamos en esa imagen, sufrió y padeció de verdad, para traer la redención. Y es en esa soledad de la imagen, donde todos percibimos que ha sido un bien para todos, lo aceptemos o lo rechacemos. Pero también resalta esa historia familiar, ese árbol que en este momento se remece y nos enlaza a momentos vividos junto a personas queridas que ya no están y junto a las cuales se sintieron esos instantes sinceros de silencio y recogimiento.
La imagen sigue caminando y muchos hombres y mujeres sienten que ahí se encierra algo que nos desborda porque no entendemos del todo. Es algo que nos habla de interioridad, de misterio, de grandeza de quien vivió y murió derrochando bondad y misericordia y, pese a todo eso, los hombres decidieron devolverle dolor y muerte como recompensa a su bondad. Por eso surge el porqué incomprensible. ¿Dónde se guardan esas reacciones tan contrarias a la razón? Quizá por eso la gente da vueltas y busca con cierta avidez por dónde siguen los “pasos” que procesionan en la noche. Porque son, quizá, esos “pasos” en la noche los que ayudan y favorecen, en esa incierta oscuridad, poder rumiar con profundidad los hechos que esas imágenes transmiten. Son esos “pasos” los que indican con claridad que los interrogantes de la vida pueden encontrar en Él una respuesta porque Él lo vivió primero. Quizá, por eso, la noche, en su anonimato, nos deja frente a la realidad más honda de la persona y lo hace sin ambages ni componendas. Esos ambages y componendas que, después, a la luz del día, surgen con cierta naturalidad escondiendo hasta otra Semana Santa lo mejor que todos llevamos dentro.
Convento de San Pablo y San Gregrorio: Olla de Grillos

EN HONOR A TODOS LOS COFRADES PROCESIONANTES


Isaura Díaz Figueiredo.


Entre aromas a incienso, a cirios, alguna saeta sobrevuela el cielo, entre el silencio austero castellano, al tiempo que bailan los varales del palio a la Virgen, la cariñosa brusquedad con “aúpa hermanos” y el paso con emoción contenida de los cofrades, los ojos húmedos, el ahogo del suspiro que no quiere salir de la garganta, comienza su caminar por las hermosas calles, donde la piedra salmantina cambia su color dorado, para hacerse plata o de profundo color oro, y quizá alguna sombra misteriosa, ocupa un  lugar en esa piedra, en una plaza, en una esquina, -era su lugar-, donde cada año vio desfilar a su cofradía, a su Virgen, a su Cristo .
El paso recamado, inundado de flores, en el que bajo el fasto contenido, va el esfuerzo sudoroso de los costaleros o hermanos de carga o hermanos de paso, el esfuerzo aquí no se siente, codo con codo, sonriente y terrible, jaranero y agotador, preparado meses antes. Un esfuerzo parejo, indelegable, fraternal, solidario, obediente a la voz del “hermano”. De cada hermano de carga depende la hermosura del desfile, el paseo por las calles del Cristo y Virgen,
El protocolo con el mundo del cofrade puede ser una autentica y ardua tarea. Sin embargo, las cofradías con constantes.
Lo que pueden ver en las calles no parte de cero, hay un protocolo que vincula a cada Hermandad, y es establecido por Decreto.
Y llega la prueba de fuego para los organizadores de las procesiones en Semana Santa, desde días antes la maquinaria está puesta en marcha. Un orden determinado, establecido días previos y confirmada horas antes, controlado por el Hermano que dirige el desfile procesional no descansa, apenas come un bocado para estar pendiente del tiempo que hará, de cada detalle, de cada hermano, de cada flor y luz, de sonido, porque todo cuenta para que el esplendor, sea el mejor homenaje a nuestra Madre o a su Hijo
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Y se pone en marcha, cruz- guía y faroles abren la procesión.
Todos desfilaran con insignias, con el símbolo de la cofradía, mazas, bastones, estandartes, guión, estatutos, Evangelios.
También se tienen en cuenta las autoridades eclesiásticas y civiles.
Viene también y hago mención a las mantillas, éste año por circunstancias de enfermedad no puedo acompañar a La Virgen de la Soledad, triste he quedado, triste y dolido está mi corazón, más que mi cuerpo Madre, por no poder peregrinar en esta Noche Santa, de dolor, busqueda, intentando con mi presencia dar un poco de consuelo al desgarro de madre que pierde a un hijo, y en mi pensamiento van todas las madres que han perdido éste año a un hijo, o que ven como sufre de enfermedad o de adicciónes,porque la perdida sea menos dolorosa, o porque encuentren el verdadero camino, dejado en una esquina de falsos esplendores; deseaba acompañarte, no pudo ser.
La mantilla y la peina duermen hasta otro año, en que con más suerte vuelva a ser no un paño de lucir, sino un paño doliente en la muerte de tu Hijo. El abrigo y vestido negro por duelo y respeto hacia el Señor también están recogidos, y las sencillas joyas, perlas y algún azabache, los guantes y la medias, los zapatos y el bolso limosnero de negro raso, descansan abrazados a la bolsita que guarda el rosario negro, como tu dolor, como el dolor y esperanza que te acompañó durante años, sin importar el frío, porque frio  llevas y llevamos nosotras en el corazón, unido al calor de la esperanza.
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 Este año que el tiempo quiere acompañar a una España doliente que busca espectáculo, pero se emociona ante cada paso, a su manera, en su fe, cada cual guarda un instante, minutos, quizá recuerdos de una infancia perdida, olvidada en el cuarto de atrás y que hoy toma posición en la calle, que desea estar en primera fila para no perder ningún detalle, que reza mirando al cielo, o sencillamente medita el momento que vivió profundamente  o  escuchó de la boca de su madre, de su abuela, momento único, dulces especiales que acompaña estos días de comida austera, días de inquietud, de emociones contenidas, de recuerdos de ausentes.

No ha podido ser, no he podido peregrinar Santa Madre... otro año será, la caída, como la de tu Hijo ha impedido acompañarte en el duelo...pero Tú, desde el trono, llevada a hombros por parte de mi sangre, se que nos darás tu bendición y, que la luz portada  por primera vez por un hermano, también sangre de mi sangre, como fue Jesús de ti, le hará ver con claridad el camino.
Gracias Madre por cada día, por cada hora en no me he separado de ti, por cada segundo en que los apuros o la felicidad me acercó más a tu Santa Imagen, al recuerdo que de ti han hecho unas manos obradoras y que hoy sirve para venerarte en la S.I.B Catedral Nueva de Salamanca
¡Otro año será!

Jesús obedece la voluntad amorosa del Padre

Editado por

Sor Gemma Morató Sor Gemma Morató
Todo está consumado

Es Viernes Santo, seguimos a Jesús, le escuchamos, le vemos sufrir, sabemos que todo es por Amor y para que aprendamos a amar. En la Cruz nos dice unas palabras que completan la enseñanza que nos ha dado con su Vida.
Próxima ya la muerte, vuelve a aparecer el diálogo con el Padre, y su alma se llena de paz. “Cuando hubo gustado el vinagre dijo: Todo está consumado”.
Sólo Cristo sabe hasta el fondo que esa voluntad del Padre es amor total, amor misericordioso. Jesús ve cómo la sabiduría del Padre respeta la libertad del hombre, y al verlo hundido en el pecado le da al Hijo, le da la salvación.
Y Jesús obedece la voluntad amorosa del Padre. Siempre obedeció Jesús venciendo la desobediencia del pecado. La paz se entrevé en la sexta palabra: todo está consumado, ha obedecido, ha vencido al diablo: el camino de la nueva vida ya está abierto. Texto: Hna. María Josefa Cases.




Detrás de la niebla

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Detrás de la nube del incienso, de las flores, los cirios, detrás de las andas, las bandas y las marchas, detrás de los penitentes, de los capirotes y cubrerrostros y túnicas y cíngulos y capas, detrás mismo de las imágenes, el arte, la pasión, la cultura, el folclore, detrás de la piedad, el culto, la religiosidad, detrás de todo ello, estos días de Semana Santa, hoy Viernes Santo, hacemos memoria, ni más ni menos, que de un torturado.
Viene bien recordarlo, aunque sea año tras año, no sea que detrás de todo ello, se nos olvide que la sangre fue real, y los clavos, y los latigazos, y las espinas, y los golpes, y las humillaciones, y los insultos, y los salivazos… no nos vayamos a olvidar que lo que recordamos y procesionamos y conmemoramos, fue una tortura…
La tortura de un inocente, sometido a la razón de estado o a la religiosa, a la social o a la política o la económica, pero un inocente. Torturado hasta la muerte… como tantos hoy en día. Con muy distintas torturas, ciertamente, algunas igual de crueles y sangrientas y terribles, otras, no por ello menos dolorosas, incruentas pero constantes, de olvido, de miseria, de marginación, todos justificados por parte de quien tortura, con su razón, de estado, religiosa, social, política, económica…
¿Y Dios? ¿Dónde está Dios?
Esa pregunta, tan humana, tan racional, tan lógica, que suena a grito y a desesperanza, a impotencia y a rebeldía frente a tanta tortura, frente a tanta injusticia, tiene respuesta… pero no es fácil de entender. Dios está ahí mismo. Sangrando, llorando, sufriendo, siendo torturado, siendo sometido a la razón de estado, o religiosa, o social, o política o económica…
El Dios de los cristianos, es el Dios humillado, y torturado, el que se pone del lado de todas las víctimas de la historia, el que sufre con los que sufren, el que sangra y grita y clama y se rebela, el que llora, el que muere torturado, solo, abandonado, traicionado. Olvidado de todos, salvo, quizás, de su madre y de algunas mujeres que nada tenían que perder…
Hoy, viernes santo, y toda esta semana, no olvidemos, detrás de la niebla, los cristianos, hacemos memoria del dolor de la tortura de un inocente… con la esperanza de que acaben pronto todas las torturas de este mundo. Hacemos memoria, detrás de tanta niebla, de un Dios que se busca y se encuentra, entre los torturados y humillados y vencidos de este mundo. De un Dios que, precisamente por eso, por haber sufrido con los que sufren, por haber muerto con los que mueren, es capaz de devolver la vida y la dignidad, de borrar el miedo y el llanto y el dolor y el sufrimiento.
Así terminaremos esta semana, el Domingo, con la memoria, detrás de la niebla de incienso, de que la muerte y la tortura no son las que vencen, no tienen la última palabra, de que es la vida la que vence, terminaremos con la memoria de la Resurrección, con la memoria de que el amor de Dios por  la humanidad, por los que sufren y lloran, torturados bajo la razón de tantos estados y políticas y religiones y economías, puede con todo ello, de que el amor vence siempre, vence hasta a la tortura y a la muerte.


LAS MUJERES DE LA PASIÓN (V): Salomé


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Los evangelios sinópticos, sólo reconocen la presencia de las mujeres en la muerte de Jesús. Mateo nombra “entre ellas” (otras podrían estar presente) a María de Magdala, a María, la madre de Santiago y José, y a la madre de los hijos de Zebedeo (Salomé) (Mt 27,55-56). Marcos menciona a María de Magdala, a María, la madre de Santiago y José, y a Salomé (Me 15,46). Lucas, que ya las había citado antes del episodio de la cruz, se contenta con decir que “sus conocidos se mantenían a distancia, y también las mujeres que lo habían seguido desde Galilea” (Lc 23,49). Juan sólo señala al pie de la cruz la presencia de la madre de Jesús, la hermana de su madre, María de Cleofás, María de Magdala y “el discípulo al que Jesús quería” (Jn 19,25-26).
En el sepulcro, Marcos menciona, a María de Magdala, a María madre de Santiago, y añade a Salomé (Mc 16,1). Ahí está Salomé, otra mujer importante que acompañó a Jesús, en la Pasión y de las primeras en la resurrección. Todavía se sigue discutiendo quién era Salomé, para algunos claramente era la madre de los Zebedeos, natural de Cafarnaún. Mujer con dinero, dura, con recursos y directa a la hora de defender a sus hijos. Recordamos que pedía para sus hijos los primeros puestos y posiciones de privilegio, anteponiendo estas necesidades al propio ministerio. Mujer ambiciosa, que había logrado una posición social y le costó mucho entender lo que verdaderamente significaba el servicio.

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Esto hizo que Jesús hablara de la verdadera grandeza del seguidor, el que quiera ser el primero que sirva a su hermano. Pronto lo comprendió Salomé, la verdadera justicia no es oprimir como hacen los gobernantes, sino ser el último, ayudar y servir, sobre todo a los más necesitados. No sólo ella también empezó a seguir a Jesús y es posible económicamente en misión. A veces nos cuesta salir de nuestro propio cascarón y burbuja, centrado en nuestras ambiciones y vanidades. Tal vez lo comprendiera mejor con la actitud de Jesús a los más necesitados o a los enfermos, o bien con sus palabras, el Reino se parece a un grano de mostaza o a un tesoro escondido, o tal vez a una perla fina aún no hallada.

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Salomé parece que era la mayor entre las mujeres, y tenía su papel como mujer madura y su experiencia para el grupo. Solía viajar frecuentemente con los discípulos. Modelo de fidelidad, respetada y admirada por todos. Lloró ante la cruz, por Jesús y por María su madre. Ella era madre, sabía muy bien que no hay mayor sufrimiento que perder a un hijo prematuramente y más si es injustamente. Con el corazón encogido Salomé consoló a Jesús y a su madre. Tal vez en estas lágrimas aprendió e interiorizó en su corazón que el verdadero servicio es el amor y la misericordia, incluso por encima del sufrimiento y la muerte.

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A veces creemos que nuestro encuentro con Dios es una mera actitud intelectual, de nuestro propio yo y de nuestro ego y posición de privilegio. Pero Salomé al lado de la cruz nos enseña, que hay otros lugares, como son los momentos de desierto y sufrimiento, en la enfermedad, en la cárcel, en la aflicción o en cualquier otra situación de desolación, como le pasó a Job. Cuántas mujeres y hombres de resistencia heroica encontramos hoy, mujeres en los campos de refugiados de Siria al corazón de África, desde las madres corajes de américa latina a las que luchan cada día para sacar a sus hijos adelante con unos euros de miseria. Como nos recordaba Martín Descalzo, todos los días son Viernes Santo. Para ellos, el mensaje es muy claro. El sufrimiento es devastador, jamás se puede desear, pero de alguna forma misteriosa puede ser ocasión de un encuentro con Dios que es a la vez aterrador y supremamente maravilloso, pues Dios es amor, y su amor es mejor que la propia vida.

Aquí ya no hay historia ni siquiera leyenda;
sólo tiempo hecho canto
y la luz que abre los brazos recién crucificada
bajo ese cielo siempre en mediodía.

(Claudio Rodríguez, El canto y la luz)


¿Última impostura o última verdad?

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Nihil Obstat

Blog de: Martín Gelabert Ballester, OPsábado, 19 de abril de 2014 
Durante toda la semana de Pascua, la primera lectura de la liturgia eucarística, repite como si fuera un estribillo: “vosotros lo matasteis (a Jesús), pero Dios lo resucitó”. No fue Dios quién entregó a Jesús a la muerte, sino unos hombres malvados que no pudieron soportar su vida y su palabra. Porque cuando uno se encuentra con un profeta tan incisivo y coherente como Jesús de Nazaret, no hay neutralidad posible. Solo caben dos posturas: o convertirse o rechazarle. Precisamente el reproche que Jesús lanza contra algunos judíos es “que no han creído en mi”. Y, al no creer en Jesús, no han creído en el que le ha enviado. Es significativo este texto del evangelio de Juan: “si no hubiera hecho entre ellos obras que no ha hecho ningún otro, no tendrían pecado; pero ahora las han visto, y nos odian a mi y a mi Padre” (Jn 15,24). Es posible odiar al Padre, al Hijo y al Espíritu, habiendo visto obras asombrosas.

Dios fue el que sacó a Jesús de la muerte. Ahí está, para los que creen, la gran prueba de que Jesús tenía razón y de que su camino era el bueno. Con la resurrección, Dios da la razón a Jesús y se la quita a sus asesinos. Por este motivo, proclamar la victoria de Cristo sobre la muerte es un discurso peligroso. Es llamativo el argumento que emplean los sumos sacerdotes y los fariseos, cuando van a Pilato a pedir una guardia para custodiar el cadáver de Jesús, temerosos de que los apóstoles roben el cuerpo y luego digan que ha resucitado: “la última impostura será peor que la primera” (Mt 27,64). Tenían más miedo de su resurrección que de su vida. Porque con la resurrección su vida se reafirma hasta límites insospechados.

Lo que para los fariseos es la última impostura, para los creyentes es la última verdad. Pero proclamar esta verdad implica que las autoridades no tenían razón; y que lo que ellas defendían –una religión basada más en el culto que en el amor a Dios y al prójimo- no tiene ningún futuro. El futuro, a pesar de tantas apariencias contrarias, se encuentra en la verdad, la vida, la belleza, la justicia y el amor. Por eso digo que la fe en la resurrección es un discurso y un recuerdo peligroso.

Con la resurrección todo comienza de nuevo. De ahí nace la Iglesia, el testimonio, la predicación. A partir de ahí se reinterpreta la vida de Jesús y se comprende la verdad más profunda de la historia de la salvación: Jesús resucitado nos abre el entendimiento para comprender las Escrituras. Con la resurrección todo cobra sentido. La última palabra no es de los hombres y, mucho menos, de los poderosos de este mundo. La última palabra es de Dios. Esta Palabra es Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. Por eso, la resurrección nos remite al seguimiento de Cristo. Siguiéndole a él, viviendo como él, pensando como él, también nosotros participaremos del futuro que Dios tiene preparado para todos los que le aman.


Sermón de las Siete Palabras

¡Viernes Santo!... ¡Sermón de las Siete Palabras!...

Así comenzaba su Sermón de las Siete Palabras un gran orador dominico, el P. Royo Marín, en la Iglesia Parroquial de San José de Madrid en la noche del Viernes Santo de 1956. Y él mismo añadía: “En tal día como hoy, el más grande de los oradores sagrados que ha conocido España, Fray Luis de Granada –dominico también-, subió al púlpito para explicar al pueblo cristiano los dolores inefables del Redentor del mundo clavado en la Cruz. Comenzó su discurso con estas palabras: “Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan”. Y no dijo más. Una emoción indescriptible se apoderó de todo su ser, sintió que la voz se le anudaba en la garganta, estalló en un sollozo inmenso… y, con el rostro bañado en lágrimas, hubo de bajarse del púlpito sin acertar a decir una sola palabra más… Ningún otro sermón de cuantos pronunció en su vida causó, sin embargo, una impresión tan profunda en su auditorio. Todos rompieron a llorar, y, golpeando sus pechos, pidieron a Dios, a gritos, el perdón de sus pecados”.
Sermón de las Siete Palabras
Hermanos, admiro profundamente a estos dos grandes oradores dominicos: el P. Granada, al que tantas veces leí, el P. Royo Marín, al que tuve la suerte de escuchar con su elocuente oratoria. Ellos, como tantos otros, predicaron la Pasión del Señor acentuando, sobre todo, la justicia reivindicativa de Dios y el sufrimiento redentor de Cristo para devolver satisfacción al Padre. Yo soy hijo de otro tiempo, y me inclino a pensar más bien como un teólogo moderno que, interpretando la Pasión de Jesucristo, escribe: “¡Cuán molesta e inquietante resulta esa sangre de Jesús que, según se dice, nos salva! ¡Cuán indignante ese sangriento trato exigido por Dios, ese sacrificio necesario para apaciguarlo!... Y, sin embargo, ya en el Antiguo Testamento el creyente descubre a un Dios diferente, un Dios a quien “no le agrada el sacrificio” (Sal. 51, 18), un Dios a quien “le repugna la sangre de novillos y de machos cabríos” (Is. 1, 12). Y el avance de la Revelación del Antiguo al Nuevo Testamento, ¿residirá en el refinamiento del malsano placer de Dios, que descubre su gusto por la sangre de un hombre a través de su creciente repugnancia por la de los animales?”.
Francois Varonne, que es el autor al que me estoy refiriendo, dice después: “Sangre y cristianismo han hecho buenas migas a lo largo del tiempo. Y esto, porque el cristianismo se ha entendido más desde la actitud religiosa, que afirma que el hombre débil debe hacerse valer ante el Dios Todopoderoso para obtener sus favores, y debe pagar un precio para obtener su perdón. ¿Y qué puede haber más eficaz que un sacrificio humano? Por esta razón, la sangre y el sacrificio de Jesús han caído en el más absoluto y desastroso de los malentendidos. Y esta es la causa de que muchos rechacen hoy nuestra fe cristiana”.
Ante esto, ¿qué hacer? ¿Cómo predicar la Pasión del Señor? Y el mismo teólogo responde: “La sangre y el sacrificio de Jesús deben ser sacados del contesto de satisfacción, para aplacar a Dios, y devueltos a su verdadero contexto, que es el de la revelación, para manifestar el corazón de Dios”.
Jesucristo fue la última Palabra de Dios al mundo, en un intento supremo de revelarnos su corazón de Padre a través de quien mejor lo conocía, su Hijo. Y, si revelar al Padre es lo que Jesús hizo durante toda su vida, ¿no será esto también y sobre todo lo que quiso hacer en el momento de su muerte?
Así es, en realidad, como han contemplado los Evangelistas la Pasión del Señor, con una mirada muy diferente de nosotros. Los relatos de la Pasión, en los Evangelios, suponen una contemplación más teologal que pietista. Teologal quiere decir que los Evangelistas han contemplado la Pasión más en la luz de Dios que en la luz religiosa del hombre, incluso del hombre de estudio, teólogo o jurista. Por eso, la contemplación de la Pasión que nos transmiten los Evangelios, es sobria y no dramática, como muchas veces la presentan los predicadores o la representan en sus obras los artistas.
Tendríamos que preguntarnos: ¿Qué hemos hecho de Jesús: una especie de superhéroe del sufrimiento, en el que hemos querido ver como el límite de lo que nosotros no podemos alcanzar? ¿Quién es Jesús: es ese héroe supremo, que combate contra el sufrimiento y la muerte más horribles, o es el Siervo de Yavé, sin gesto, sin grandilocuencia, que ha entregado su vida al ritmo que las circunstancias le iban marcando, para revelarnos el infinito amor de Dios? ¿Quién es Jesús muriendo en la Cruz: un superman que atraviesa todas las barreras, incluso la barrera de la muerte, o es Rey en majestad humilde, como lo ha visto sobre todo el Evangelista San Juan?
La mirada de los Evangelistas ha sido más teologal que humanizante y jurídica. Lo cual quiere decir que han visto todo desde el lado divino. El misterio de la Humanidad de Jesús es el misterio sobrecogedor que sobrepasa infinitamente la mirada de devoción religiosa humanista y toda precisión teológica o jurídica. Nosotros, quizás por no ser capaces de penetrar hasta el fondo en el misterio de la Cruz, hacemos sentimentalismo o teología aparentemente alta mezclada de justicialismo. Lo cual desvirtúa la mirada contemplativa y teologal de aquel Gran Acontecimiento, que es el núcleo de nuestra fe cristiana: la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Necesitaríamos tener la mirada de María al pie de la Cruz: de pié, como la mujer fuerte, señora de sí misma, silenciosa y contemplando con gran angustia la separación que sufre su Hijo Jesús al verse abandonado del Padre. Y, como María en aquella Hora suprema, actuar nuestra fe y nuestra esperanza, sabiendo que lo que allí está ocurriendo es algo más que el sufrimiento atroz que se ve: la Revelación Suprema de Dios, el Nacimiento de algo Nuevo, la Promesa de Dios por fin cumplida. Tienen mucho que ver entre sí el Nacimiento de Jesús en la Cueva de Belén y su Muerte en la cima del Calvario: lo que entonces comenzó en la hendidura de una roca, aquí llegó a su plenitud en lo alto de otra roca. La única diferencia está en que los poderosos, que allí no acudieron a adorarlo, aquí le estaban crucificando.
María es la que, guardando todo en su corazón (Lc.3,51), une aquellos dos grandes momentos. Pidámosle que nos acompañe en la contemplación de la Últimas Palabras de Jesús. “Palabras esenciales -dice Martín Descalzo- en las que debemos descubrir el sentido de cuanto era y de cuanto había venido a hacer en este mundo, el último y mejor tesoro de su vida. Y de su muerte”.
Fr. Marcos Ruiz O.P.

“Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”

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  • El Cristo glorioso de la Pasión

Quien lee el relato de Juan tiene la impresión de asistir, un tanto perplejo, a una lectura “desapasionada” de la pasión de Jesús. ¿Dónde queda el dramatismo y la crudeza de lo acontecido, tal como nos lo relatan los otros evangelistas? Sin embargo, leyendo el texto en profundidad, nos damos cuenta de que esta primera impresión no es del todo exacta. Es justamente su pasión amorosa la que le lleva a celebrar con sus discípulos la cena de despedida “sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre” (13,1). ¿No “se turbó en su interior” después del lavatorio de los pies de sus discípulos, cuando hubo de predecirles la traición de Judas? (13,21). ¿No sintió Jesús “de nuevo una conmoción interior” al ver llorar a María por la muerte de su hermano Lázaro? (11,38). En su camino hacia el calvario Jesús no fue ajeno a la inquietud, turbación y abatimiento que afectan a cualquier persona en trances semejantes. ¿Cómo “mirar, pues, al que traspasaron” (19,17), acercarse a la pasión de Jesús sin dejarse llevar por los sentimientos de un corazón apasionado y traspasado?
Ahora bien, en el relato del cuarto evangelista Jesús no se queja, no muestra los gestos desgarradores del dolor ni las limitaciones humanas inherentes a la debilidad de la carne, no expresa abiertamente el sufrimiento y la dura lucha interior de quien afronta la inminencia de la muerte. Sin renunciar a su condición humana pero como sobreponiéndose a la misma y trascendiendo al mismo tiempo el plano externo de las condiciones que rodean al condenado, Jesús, el que va a ser crucificado, se sumerge en los planes de Dios y se reafirma en su firme voluntad de llevar hasta el final la misión para la que había sido llamado (12, 27-30). Es en la cruz donde puede mostrar su verdadera condición de Hijo, investido del poder y la fuerza de Dios, quien le refrenda en su misión y le envuelve en un halo de gloria.
  • La pasión de Jesús remite a su vida. Una muerte anunciada

Jesús, con sus signos portentosos, ya había manifestado su gloria ante los judíos (Jn 2-12). La había mostrado también a sus discípulos dándoles a conocer su identidad: “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (13-17). Ahora, en la pasión, se va a manifestar públicamente a los ojos todos (18-19). Él sabía que la suerte estaba echada. Ya le habían juzgado y condenado a muerte durante su ministerio público, sometiéndole a un continuo proceso de difamación, de enfrentamiento y rechazo. Fue Caifás, el sumo sacerdote, quien profetizó inconscientemente una muerte anunciada: “conviene que muera un solo hombre por el pueblo” (18,14). Efectivamente, “desde ese día decidieron darle muerte” (11,53). Jn no cuenta el proceso ante el Sanedrín, porque el proceso y el juicio condenatorio de Jesús ya habían tenido lugar con antelación. Jesús “sabía todo lo que le iba a ocurrir” (18,4), lo tenía perfectamente asumido. Se entregaba de forma consciente y libre.
La fuerte carga simbólica de todo el relato de la pasión remite al lector en esa misma dirección. Jesús muere la víspera de Pascua (cuando se inmolaban los corderos en el Templo), como verdadero Cordero pascual, haciendo honor a la inscripción de la cruz que preside su entrega: él es el auténtico Rey y Señor. En todo momento ha sido dueño de su destino. Es él quien domina y dirige la escena, quien sale al encuentro de quienes vienen a prenderlo: “¿A quién buscáis?… Ya os he dicho que Yo soy” (18, 4-8). Esa es su identidad, la del mismo Dios que se apareció a Moisés en la zarza ardiendo (Ex 3,14) y en quien creían los que ahora lo maniatan. “Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo soy” (8,27).
  • Pasión de Jesús y discipulado

Ahondando en las verdaderas motivaciones y significado de la opción tomada por Jesús, el evangelista es capaz de transfigurar los hechos para transmitirnos y adentrarnos en lo más real de los mismos, para elevarnos a la contemplación teológica de un Dios que aparece discreta y confidencialmente tras las bambalinas de la escena. Jesús muere como Señor, dueño de su destino, en la paz de Dios: “E inclinando la cabeza entregó el espíritu” (19,30). No es un grito desgarrador. No muere como víctima que sucumbe a la desgracia sino dando vida. Es la palabra serena de quien ha vivido con dignidad llevando a cabo su misión, de quien está impartiendo la última lección de su vida.
La majestuosa grandeza de la fidelidad de Jesús contrasta, por el contrario, con la incomprensión y la triple negación de Pedro: “no lo soy” (18,17.25.27). En él están representados el resto de los discípulos, cuantos no le comprenden y le abandonan. Sólo se mantiene en pie a los pies de la cruz su madre, junto con otras mujeres y “el discípulo a quien Jesús amaba”. Es el amor el que nos mantiene en pie y nos salva. El amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y proyectado ahora en el discipulado de quienes han reconocido que Dios les ama. Después de todo, y a pesar de sus debilidades, Jesús seguirá confiando a Pedro su misión pastoral (Jn 21,15-17). Es en la gloria de la Cruz, manifestación suprema del amor incondicional de Dios en Cristo Jesús, donde reside su fortaleza, es decir, la del verdadero discipulado.
Fray Juan Huarte Osácar
Convento de San Esteban (Salamanca)

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